La magia de los Reyes Magos

Que no se pierda jamás la ilusión. Que sigamos acumulando Navidades esperando como niños, con los latidos del corazón acelerados, a que la mágica noche de Reyes pase rápido con ojos entreabiertos y oídos afinados para escuchar cómo sus Divinas Majestades colocan los regalos junto al árbol y se toman un respiro antes de continuar su ardua tarea.

En una sociedad cada vez más secularizada, en la que los símbolos cristianos se vilipendian, ridiculizan o incluso se suprimen, los cristianos debemos seguir defendiendo uno de los momentos más ilusionantes del año. El portal de Belén, ese que con tanta ilusión se monta en el puente de la Purísima, es el resumen de la Sagrada Familia, de la humildad y la pobreza en la que Jesús nació, sin saber aún la importancia que tendría en la historia de la humanidad.

A esto, se suma un suceso desagradable que ocurrió en mi ciudad, Carmona, que profesa un cariño enorme a sus dos colegios concertados, las Hermanas de la Cruz (con internado femenino) y los Salesianos. La lluvia obligó a postergar la grandiosa cabalgata al día 7 de enero, pero dos días antes, como de costumbre, los emisarios de sus tres majestades visitaron y dejaron los primeros regalos del año a las niñas que viven con las queridísimas religiosas de Sor Ángela. Uno de estos ‘reyes’ fue encarnado por el famoso cantante Chiquetete, que sobre el escenario delante de las inocentes niñas, dijo abiertamente que él “no era el Rey Melchor”, sino el famoso cantante “que cantaba Volveré o Esa cobardía”.

La sorpresa fue mayúscula. Y el desencanto e indignación entre los carmonenses, mayor. Un vídeo que recoge este momento se hizo viral y, desgraciadamente, una frase desafortunadísima hizo poner en duda y casi romper la ilusión de las internas más pequeñas de las Hermanas de la Cruz que creían estar junto a los verdaderos Reyes Magos y que quedaron bloqueadas. Pero también provocó que el circo de la telebasura, el de la rumorología, las redes sociales y el amarillismo, el del periodismo menos social y el del ataque al Catolicismo, aparecieran por sorpresa en las vísperas de la Epifanía.

Desde nuestra atalaya no podemos permitir que nos pisoteen una y otra vez. La respuesta debe ser siempre desde el amor. Como educadores salesianos, tenemos la posibilidad privilegiada de transmitir los valores de Don Bosco entre nuestros destinatarios, de cuidar las tradiciones milenarias que nos transmitieron nuestros mayores y de hacer de la Navidad un momento de familia, recuerdos, magia e ilusión. Con la misma humildad del portal de Belén o el recogimiento de la Cruz. Y es que ya lo dijo Tierno Galván, agnóstico declarado, cuando iban a quitar un crucifijo de su despacho en la alcaldía de Madrid: “La contemplación de un hombre justo que murió por los demás no molesta a nadie. Déjenlo donde está”.

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