Es con gran alegría que me dirijo a vosotros con motivo de la fiesta de nuestro Padre y Maestro Don Bosco. Es mi vivo deseo continuar con esta hermosa tradición en la que el Rector Mayor dirige un mensaje a los jóvenes del Movimiento Juvenil Salesiano precisamente con motivo de esta ocasión. Lo hago a la luz del Aguinaldo 2026, que toma como punto de partida el episodio de las bodas de Caná. María observa: «No tienen más vino», y después de decírselo a Jesús, simplemente dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga». Comparto este mensaje también a la luz de lo que está viviendo el mundo y escuchando la invitación del Papa León a vivir los desafíos como oportunidades para ser testigos hoy de la buena nueva.
La invitación de María: un gesto de escucha profética
«No tienen más vino». Así se dirige María a Jesús en Caná, no porque ya conozca la solución, sino porque percibe que es necesaria una intervención diferente. Y cuando pide a los sirvientes: «Haced lo que él os diga», no pronuncia una palabra de él, de simple obediencia burocrática. Es una invitación a reconocer la presencia de Aquel que puede transformar la crisis en algo nuevo, y a disponerse a hacer exactamente lo que Él manda, incluso cuando parece absurdo.
En este momento histórico en el que vivimos un ambiente pesado y dramático, donde la guerra parece la única gramática posible y la ley del más fuerte domina las relaciones internacionales y personales, donde los lazos humanos se reducen a transacciones comerciales y a lógicas de beneficio, el tema del Aguinaldo 2026 no es ingenuo. Al contrario. Es un grito profético que invita al Movimiento Juvenil Salesiano a reconocer que el momento que vivimos —en el que echamos en falta el vino de la concordia y el respeto al más débil— es también un momento de gracia y nos llama a responder con un testimonio arraigado en la persona de Cristo. Queremos comprometernos como los siervos que escuchan porque creen.
Una palabra auténtica ante el lenguaje ambiguo y la verdad perdida
En su discurso al Cuerpo Diplomático del 9 de enero de 2026, el Papa León XIV señala un problema radical de nuestra época: el lenguaje, que normalmente es el medio privilegiado para conocerse y encontrarse, se utiliza de manera ambigua: «se convierte cada vez más en un arma con la que engañar o golpear».
En este contexto —afirma el Papa a modo de ejemplo— las palabras están perdiendo su verdadero valor: «paz» también puede significar dominio a través del poder militar, «libertad» también puede traducirse en uniformidad ideológica impuesta, «derechos» se vuelven autorreferenciales y se excluyen mutuamente. Así se pone de manifiesto un deslizamiento hacia una humanidad marcada por un «cortocircuito de los derechos humanos», donde la búsqueda de bienes y poder «mata» la convivencia pacífica.
Este es el «campo» en el que el Movimiento Juvenil Salesiano está llamado a vivir y habitar: recuperar la palabra verdadera, no deliberadamente ambigua, para comprender y decir las cosas, y marcada por la amistad auténtica, encarnada en el día a día de los caminos pastorales y las experiencias fraternas, en cuyo seno y como garantía de ellas florece y resuena una palabra no ambigua, que no traiciona la verdad.
La escucha sincera como transformación
La invitación de María no es un conformismo banal. «Haced lo que él os diga» presupone ante todo una escucha profunda. Esta escucha, madura, atenta y penetrante, exige oír la voz de Jesús en medio del ruido y las medias verdades del mundo. La suya es una voz que reconoce la autoridad de la verdad, no de la fuerza bruta y arrogante.
En el contexto contemporáneo, «haced lo que él os diga» significa entonces aprender a reconocer y dar espacio a la voz que habla de verdad, de amor sin cálculo, de dignidad incondicional. Es lo contrario de la lógica que domina el discurso público contemporáneo, donde cada palabra se filtra a través de los intereses del poder.
El Movimiento Juvenil Salesiano está llamado a ser una comunidad de escucha capaz de transformar: escuchar al Señor en el Evangelio, escuchar a los jóvenes en sus preguntas más profundas, escuchar a los pobres que claman, escuchar los signos de los tiempos. Si nuestros caminos educativo-pastorales no se nutren de la Palabra de Dios, se corre el riesgo de que cualquier palabra alternativa no resista la ambigüedad difusa que se está convirtiendo en estilo y método. Solo la Palabra tiene la fuerza de esa verdad que desenmascara la ambigüedad y repara ese «cortocircuito» que ha hecho caer en el vacío la verdadera fraternidad. De una comunidad de escucha madura nacen amistades verdaderas y auténticas.
La profecía de la fraternidad y la verdadera amistad como testimonio a contracorriente
Hablando a la Curia Romana (22 de diciembre de 2025), el Papa León cita a un maestro de verdad y claridad, San Agustín: «En todas las cosas humanas, nada es querido por el hombre sin un amigo». Sin embargo, ¿cuánta amistad auténtica hay entre las personas más allá de la tentación de los «me gusta», del poder, de la ansia de sobresalir, del cuidado de los propios intereses?
Es aquí donde la amistad se convierte en una elección política en el sentido más noble de la palabra: una elección de principios por el bien de la ciudad, de la polis. Cuando, en un mundo fluido, elegimos decir «te amo no por lo que me das, sino por lo que eres», realizamos un acto de resistencia a la cultura que consume también las relaciones humanas. Cuando acogemos a quien no es útil, a quien es descartado por la lógica productivista, estamos dando testimonio de otra gramática.
El Papa observa que esto se convierte en «una señal también hacia fuera, en un mundo herido por las discordias, las violencias, los conflictos». Y añade un pensamiento que para nosotros, salesianos, es muy elocuente: «No somos pequeños jardineros ocupados en cuidar su propio huerto, sino discípulos y testigos del Reino de Dios, llamados a ser en Cristo levadura de fraternidad universal».
La fraternidad y la amistad encarnadas en la vida del Movimiento Juvenil Salesiano no son una huida del mundo, sino una levadura en el mundo. No es una experiencia intimista en un huerto cerrado, reservado para unos pocos, sino un verdadero «laboratorio» donde experimentar ya aquí, en el tiempo presente, los lazos que hacen brotar el futuro.
Don Bosco como maestro de esta «nueva cultura»
Don Bosco no escribió tratados sobre el tema de la paz. No teorizó sobre la fraternidad. Se puso como peregrino al lado de los jóvenes rechazados por la sociedad. De manera sencilla pero pertinente, les dijo que eran importantes, que eran amados. Y lo dijo ofreciéndoles espacios educativos, experiencias espirituales y amistades auténticas que les ayudaron a crecer de manera integral.
Valdocco era el «laboratorio» de acogida, de gratuidad, de amistad auténtica. Aquí tiene sus raíces el Movimiento Juvenil Salesiano, que hoy sigue comprometido en recrear la experiencia de Valdocco: un espacio donde la «ley del más fuerte» era desarmada por la lógica del amor preventivo.
Don Bosco sigue siendo revolucionario al vivir y comunicar el amor del Evangelio de Jesús. El espíritu de familia que nos fue legado fue la ruptura de la lógica del dominio a través del reconocimiento de la dignidad. Vivió plenamente «lo que Jesús le dijo»: acoger, acompañar, creer en el cambio posible incluso cuando el mundo toma otro rumbo.
Tres pistas concretas para el Movimiento Juvenil Salesiano
Partiendo del acontecimiento de Caná, y llevándolo a nuestra experiencia personal y comunitaria a través de la escucha de Jesús y de su Vicario, hemos identificado algunas pistas de reflexión que pueden ayudaros a comprender el mundo en el que vivimos, con sus bellezas y sus riesgos. Ahora me gustaría continuar con algo concreto, con algunas indicaciones prácticas que os invito a considerar, discutir y poner en práctica.
- La revolución de la amistad
Nos comprometemos con la «revolución de la amistad», como un acto por el bien y el crecimiento de la ciudad humana, de la polis, convencidos de que solo así se interrumpe el «cortocircuito de los derechos» del que habla el Papa León. Cuando un joven elige amar gratuitamente, sin esperar nada a cambio, sin calcular la utilidad, está diciendo no a la mercantilización de los vínculos.
Esto se plasma en lo cotidiano:
- En el rechazo a construir amistades condicionadas, en las que el otro solo vale si es útil, simpático, «interesante»;
- En la elección de acoger a los descartados, marginados, a los que no «producen» valor en el mundo del espectáculo y las redes sociales;
- En el valor de decir la verdad al amigo, con humildad, no para dominarlo, sino para ayudarlo a crecer;
- En el compromiso conjunto no para «ganar» a los demás, sino para construir ciudades más justas y fraternas.
- Habitar y promover «laboratorios de acogida»
El carisma salesiano vive de la «gracia de la unidad» entre lo humano y lo divino, la dimensión espiritual y la cultural, educativa y profesional. Las Constituciones Salesianas (n. 21) trazan esta unidad llamándola «espléndida armonía de naturaleza y gracia». Vemos en Don Bosco una profundidad humana, «rica en las virtudes de su pueblo… abierta a las realidades terrenales». Pero también vemos a una persona profundamente enamorada de Dios, «llena de los dones del Espíritu Santo». Esta es nuestra herencia: el carisma salesiano que une el deseo de la felicidad en el tiempo y en la eternidad, haciendo que la vida terrenal esté llena del amor de Dios, inspirada y guiada por él.
El Movimiento Juvenil Salesiano, en sus espacios —oratorios, parroquias, centros de acogida, escuelas, comunidades formativas, grupos— sea promotor de la «gracia de la unidad» que haga brotar en el presente experiencias sanas, concretas, «semilleros» de futuro, «laboratorios de acogida», donde:
- se respira un aire diferente al del mundo competitivo, donde no se gana «contra» alguien, sino que se construye «juntos»;
- los vínculos no son transacciones – no «qué puedes hacer por mí», sino «quién eres para mí»;
- se experimenta el cuidado de los frágiles como reconocimiento de su dignidad infinita;
- la alegría que surge no es el triunfo sobre el enemigo, sino la communio, el tejido relacional regenerado.
Esto es hacer «lo que él os dirá»: encarnar concretamente el Evangelio de la fraternidad.
- De las pequeñas decisiones cotidianas a la profecía pública
No se trata de separar el testimonio personal de la voz pública. No subestimemos el poderoso valor, aunque oculto, de los gestos de fraternidad cotidiana. Los miembros del Movimiento Juvenil Salesiano deben estar convencidos de que cada gesto de amor auténtico, cercanía y acogida deja una huella invisible, como invisible es la fuerza que contiene la levadura en la masa.
Concretamente, el MSJ está llamado a:
- dar testimonio de que la paz es posible, no a través de la disuasión nuclear, ni a través de armas cada vez más sofisticadas, sino a través del diálogo, el perdón y la búsqueda del bien común;
- hacer oír la voz de los jóvenes en defensa de la dignidad humana: de la defensa de la vida, de los refugiados, de los migrantes, de los presos, de los ancianos solos y olvidados;
- educar en el discernimiento crítico sobre los medios de comunicación, sobre el lenguaje ambiguo que utiliza las palabras como armas, proponiendo una palabra que esté anclada en la verdad;
- construir redes de solidaridad concreta que muestren que otra gramática relacional es posible, no solo virtual, sino encarnada en el territorio.
Conclusión: el vino nuevo como esperanza encarnada
En Caná falta el vino. No es un detalle narrativo secundario. Es la señal de que se ha agotado una forma de convivencia: la de los esposos, la de los invitados, la del banquete tradicional. Jesús, a través del milagro, no restaura el pasado; transforma el agua en vino nuevo, mejor, inaugura una nueva alianza.
Y María no propone nostalgia por el vino viejo. Simplemente dice: «Haced lo que él os diga». Él transformará. No sabemos cómo. No sabemos cuándo. Pero sabemos que Él es capaz de transformar lo ordinario —el agua— en algo extraordinario: palabras que vuelven a ser transparentes, vínculos no mercantilizados, miedos transformados en esperanza, muerte transfigurada en resurrección.
La Estreña 2026 invita al Movimiento Juvenil Salesiano a esta confianza radical.
No a construir «por nosotros mismos» un futuro mejor, como si todo dependiera de nuestra capacidad organizativa: ¡sería una utopía peligrosa! Sino a escuchar la voz de Aquel que, nacido en la humildad de la cueva de Belén, se ha cargado de nuestra humanidad, frágil y débil, para dar a todos la dignidad de hijos de Dios, a pesar de sus fragilidades y debilidades, e incluso en el pecado.
La tarea del Movimiento Juvenil Salesiano no es salvífica: la salvación solo viene de Él. Nuestra tarea es profética: encarnar ya en nuestros espacios, en nuestras elecciones, en nuestras amistades, en nuestros grupos, la alternativa que propone el Reino de Dios. Ser «levadura de fraternidad universal» en un mundo donde la fraternidad parece imposible.
«Haced lo que Él os diga»: es una palabra poderosa. No de resignación, sino de esperanza fundada. Don Bosco lo sabía. Por eso pudo mirar a miles de jóvenes descartados por el mundo y decirles: vosotros sois importantes, vosotros podéis cambiar el mundo, vosotros podéis ser santos.
Esta es nuestra vocación: «hacer lo que Él nos dirá», conscientes de que el agua que le llevamos será transformada por Él en vino nuevo. Seremos servidores de ese vino que el mundo aún no conoce, pero que espera desesperadamente.
Siempre vuestro EN XTO
Fabio Attard sdb
Don Fabio Attard SDB
Rector Mayor











0 comentarios