Los peligros de lo normal

El Rincón de Mamá Margarita

18 marzo 2026

Mayca Crespo

Mayca Crespo

Hay algo en el ser humano que, siendo a veces un mecanismo de supervivencia, también puede volverse peligroso: nuestra capacidad para acostumbrarnos. Nos adaptamos a casi todo; incluso a aquello a lo que nunca deberíamos acostumbrarnos.

Cuando una idea se repite muchas veces, cuando una noticia aparece cada día, cuando un tono se instala en la conversación pública, poco a poco deja de sorprendernos. Lo que antes nos parecía inaceptable comienza a formar parte del paisaje. Y casi sin darnos cuenta, empezamos a normalizarlo.

Como madre, hay algo que me preocupa especialmente: que nuestros hijos crezcan pensando que todo esto es lo normal. Que la crispación en el lenguaje, las faltas de respeto, las guerras que vemos en los informativos o los intereses de poder que dominan tantas decisiones se conviertan para ellos en algo cotidiano, en algo que simplemente “es así”.

Los niños y los jóvenes observan más de lo que pensamos. Absorben el clima emocional del mundo que les rodea. Y si nosotros, los adultos, dejamos de reaccionar, si dejamos de cuestionar, si dejamos de señalar que hay cosas que no están bien, corremos el riesgo de que ellos también las integren como parte natural de la vida.

Por eso creo que nuestra responsabilidad como familias no es aislarles del mundo, porque el mundo está ahí, sino acompañarlos a mirarlo con sentido crítico y con humanidad. Hablar con ellos de lo que ocurre, explicarles que la violencia no es normal, que el desprecio no es una forma válida de relacionarnos, que el poder sin ética nunca debería parecernos aceptable.

También es importante recordarles que la empatía, el respeto y la justicia siguen siendo valores profundamente humanos. Que el hecho de que algo ocurra con frecuencia no lo convierte automáticamente en correcto.

En ese camino, para mí ha sido una gran tranquilidad apostar por un colegio salesiano para la educación de mis hijos. Me da mucha paz saber que además de recibir una formación académica de calidad, crecen en un entorno donde los valores ocupan un lugar central. El sistema preventivo de Don Bosco, basado en la razón, los valores cristianos y el amor, sigue teniendo hoy más sentido que nunca.

Ya a finales de 1800, Don Bosco resumía su propuesta educativa con una frase que continúa plenamente vigente: formar “buenos cristianos y honrados ciudadanos”. Una educación que no solo transmite conocimientos, sino que también ayuda a construir personas con criterio, con sensibilidad y con responsabilidad hacia los demás.

No permitamos que el ruido constante termine por anestesiar nuestra razón ni nuestra sensibilidad. Mantener viva la capacidad de indignarnos ante la injusticia y de defender lo que es correcto es, quizás, una de las mejores herencias que podemos dejar a nuestros hijos.

Porque educar no es solo enseñar conocimientos. También es ayudarles a construir un criterio propio, a no aceptar como normal aquello que atenta contra la dignidad humana.

Y eso empieza, muchas veces, con algo tan sencillo —y tan valiente— como seguir diciendo en voz alta: esto no está bien.

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