Por eso, ya en 1852, Don Bosco actuaba como mediador en el primer contrato entre un aprendiz y un empresario. Un gesto sencillo que muestra bien su intuición educativa: acompañar a los jóvenes en su entrada en el mundo del trabajo, ayudándoles a convertirse en personas responsables y en ciudadanos capaces de aportar lo mejor de sí mismos a la sociedad.
Esa intuición sigue viva hoy en los centros salesianos de FP. En España son decenas los centros que cada año forman a miles de jóvenes en distintos ámbitos profesionales. Y lo hacen desde una convicción muy clara: que la educación no consiste solo en transmitir conocimientos técnicos, sino en acompañar procesos de crecimiento personal.
En un momento en el que la Formación Profesional está adquiriendo un papel cada vez más relevante en nuestra sociedad, es positivo que las administraciones públicas y las empresas miren con mayor atención a este ámbito educativo. El desarrollo económico, la transformación tecnológica o la necesidad de nuevos perfiles profesionales hacen imprescindible una formación de calidad que prepare bien a los jóvenes para el mundo laboral.
Los Salesianos quieren seguir aportando su experiencia en este campo. Una experiencia que se apoya en una larga tradición educativa y en una forma particular de entender la relación con los jóvenes. En nuestras aulas y talleres no solo se aprende un oficio; se aprende también el valor del esfuerzo, del trabajo bien hecho, de la colaboración con otros.
Salesianos coadjutores y FP
En esta historia hay que recordar, de manera especial, la figura del salesiano coadjutor. Durante décadas, muchos de ellos han sido maestros de taller y educadores cercanos para generaciones de alumnos. Su presencia ha sido fundamental para dar forma a la tradición de la Formación Profesional salesiana.
En este Boletín, nos hacemos eco del Congreso celebrado en Madrid y que ha reunido a educadores, responsables de centros, empresas y representantes de la administración para reflexionar sobre los retos actuales de la FP. Más de 150 participantes compartieron experiencias y miradas sobre el futuro de este ámbito educativo.
La Formación Profesional sigue siendo, hoy como ayer, una gran oportunidad para muchos jóvenes. Y para los salesianos continúa siendo una forma muy concreta de vivir el sueño de Don Bosco: acompañar a los jóvenes para que descubran su lugar en la vida.
Educar personas y formar profesionales. Una expresión sencilla que resume bien una misión que, más de siglo y medio después, sigue plenamente vigente.




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