
Irune López
Ha salido muy recientemente el informe Jóvenes Españoles 2026, elaborado por la Fundación SM, que, como siempre, vuelve a poner sobre la mesa cómo están viviendo y pensando los jóvenes hoy. ¿Qué opinan y sienten?
Según este estudio, en la juventud actual si algo se mantiene firme es el valor de la familia y la amistad, que siguen siendo el verdadero punto de apoyo. Pero -¡y atentos!- el trabajo y la educación han dejado de ocupar ese sitio central desde el que construir su identidad y proyectar su vida que durante años parecía incuestionable; mientras gana terreno algo que antes parecía secundario: el bienestar personal. Cada vez pesa más el deseo de tener tiempo, sentirse bien y cuidarse. Aparece también con fuerza una sensación de incertidumbre bastante extendida. No sólo miedo al futuro, sino más bien una especie de duda constante: si lo que hago servirá, si merece la pena… Y en medio de eso, crece la preocupación por lo material.
Y, aunque quizá muchas cosas no nos sorprendan del todo, sí nos dejan una sensación difícil de ignorar: el informe evidencia un cambio relevante respecto a los anteriores. Algo se está moviendo en el fondo.
Este giro en la jerarquía de valores nos interpela. Porque es fácil caer en la crítica rápida —“ya no valoran el esfuerzo”, “sólo buscan estar bien ellos”—, pero igual eso es quedarse sólo en la superficie. Y ¿si no es sólo comodidad? ¿Si es también cansancio y desconfianza? ¿En qué sociedad están viviendo? ¿Qué hacemos y promovemos los adultos?
Y a quienes trabajamos en educación nos cuestiona todavía mucho más. Porque, si aprender ya no se percibe como una vía directa hacia una vida con sentido ¿qué lugar va a ocupar la formación en la vida de un joven? ¿Qué motivación van a tener?
El informe nos plantea varios desafíos claros —y nada pequeños— para la educación:
Replantearnos el sentido de educar y cómo transmitirlo; no basta con transmitir contenidos; hay que ayudarles a que encuentren el para qué aprender.
Acompañar más en profundidad: Se pide conocer mejor cómo viven, qué les preocupa y desde dónde toman decisiones para partir de ahí.
Asumir como punto de partida ese deseo de bienestar y cuidado personal que forma parte de cómo entienden hoy una vida plena para avanzar hacia el bien común.
Ayudarles a gestionar la incertidumbre: Intentar ofrecerles herramientas para afrontar ese futuro que perciben inestable; no solo en lo académico, sino también en lo personal y emocional.
Apoyarse en sus vínculos: ayudarles a fortalecer esos espacios de relación y confianza La familia y la amistad que son claves para ellos y orientan sus vidas.
¿Son retos muy salesianos, verdad?
Tener en cuenta esta radiografía y estar cerca. Escuchar sin prejuicios y acompañar procesos y jóvenes reales, no ideales. Generar confianza y ayudar a que, en medio de tanta incertidumbre, cada joven pueda descubrir que su vida merece la pena y que son llamados a hacer cosas a veces pequeñas, pero grandes para ellos mismos, los suyos y el mundo.














0 comentarios