Un Congreso Mundial celebra los 150 años de la Asociación de Salesianos Cooperadores

12 mayo 2026

Salesianos Comunicación

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Más de 400 delegados del mundo celebraron el siglo y medio de vida de la Asociación, eligieron a Borja Pérez (salesiano cooperador español) como nuevo Coordinador Mundial y marcaron las directrices del próximo sexenio.

En 2026, la Asociación de Salesianos Cooperadores celebró su 150 aniversario (el día 9 de mayo) con la celebración de un Congreso Mundial. Bajo el lema “Ser fermento para ser fecundos”, este evento reunió en la Fraterna Domus de Roma a más de 400 delegados –entre ellos, unas 30 personas de España– para hacer memoria de este siglo y medio, analizar el presente de la Asociación y definir el rumbo en el siguiente sexenio, con la elección, además, del nuevo Coordinador Mundial.

El camino recorrido

Con la misa presidida por el Rector Mayor, Fabio Attard, se abrió, en la mañana del jueves 7 de mayo en Sacrofano, este VI Congreso Mundial de la Asociación de los Salesianos Cooperadores.

El camino recorrido fue el corazón y el centro de la primera jornada. Desde la ponencia de Attard, pronto se comprendió cómo el pasado, el presente y el futuro de la Asociación están unidos en un continuo que permite a los Salesianos Cooperadores ser, aún hoy, esa levadura de la sociedad que Don Bosco había deseado con fuerza.

El Rector Mayor invitó a todos a recordar la llamada personal a formar parte de la Familia Salesiana y articuló su reflexión en torno a tres puntos fundamentales: el proyecto original que el Espíritu suscitó en Don Bosco; los rasgos esenciales de la figura del Salesiano Cooperador; el icono bíblico de las bodas de Caná como lente que permite desarrollar los cuatro verbos mirar, escuchar, elegir y actuar como actitudes concretas de levadura salesiana llamada a ser fecunda hoy.

El XI sucesor de Don Bosco subrayó cómo los Salesianos Cooperadores fueron pensados, desde el principio, para ser levadura en la Iglesia y en la sociedad, y cómo su existencia debe leerse dentro de una única gran comunidad, unida por el mismo objetivo de “salvar a los jóvenes”. La misma “salvación de los jóvenes” se convierte en el criterio de fecundidad de esta comunidad, que solo es generadora si es capaz de ayudar realmente a los jóvenes a vivir y a esperar. Es aquí donde entra en juego la importancia de la laicidad del Salesiano Cooperador como salesiano que habita el mundo y su cotidianidad. La Asociación es un espíritu salesiano vivido por los laicos que viven en el mundo y que participan del carisma aportando sus dones con la mirada puesta en el hoy; y la santidad del laico salesiano se alcanza a través de su acción en el mundo: esta es su dimensión evangélica.

Cuatro son los verbos que permiten a los Salesianos Cooperadores ser levadura: El primero es mirar, para reconocer dónde la vida de los jóvenes tiene dificultades, dónde se apaga la esperanza, y dejarse tocar por lo que se ve, como hizo María. El segundo es escuchar, tener el valor de emprender un camino de escucha profunda de Dios, de uno mismo, de los demás Cooperadores y de toda la Familia Salesiana. Una escucha que no pretende hablar de inmediato, sino que permanece hasta reconocer la voz del Espíritu que habla a través de la realidad. El tercer verbo es elegir, y se refiere a las prioridades a las que dedicar la atención en la misión, privilegiando no la cantidad, sino la calidad de la presencia. Finalmente, el actuar, trabajar como levadura escondida y fecunda, recordando siempre que no son los Salesianos Cooperadores quienes salvan a los jóvenes, sino Cristo quien actúa en su corazón. Trabajar con humildad, alegría, serenidad, libres de la ansiedad por el rendimiento.

Precisamente esta forma de trabajar es la que caracterizó el desarrollo de la mesa redonda de la tarde, donde a través de las figuras e intervenciones de Noemi Bertola, Paolo Santoni, Roberto Lorenzini, Laura Gambassi y Angie Carolina Quintero, se recorrieron los pasos de la Asociación siguiendo las huellas de Don Bosco en los principales momentos que marcaron algunos eventos históricos de su historia, como la redacción del Proyecto de Vida Apostólica y el cambio de denominación de Cooperadores Salesianos a Salesianos Cooperadores.

La mesa redonda fue el momento para preguntar a los jóvenes qué Asociación ven y esperan para el futuro; y en este sentido cobra más fuerza que nunca la invitación del Rector Mayor a los Salesianos Cooperadores: ser y trabajar libres de la nostalgia, para no ser prisioneros del miedo; para no temer entrar en las nuevas periferias; para ser pequeños, conscientes de que la fecundidad es de Dios; para aceptar ser ese pequeño resto que es signo y portador del amor de Dios a los jóvenes.

Pasado, presente y futuro de la Asociación

La jornada del 8 de mayo se dedicó al análisis de la situación de la Asociación, al camino recorrido en estos ciento cincuenta años y a las perspectivas de futuro.

La mañana empezó con la intervención de Madre Chiara Cazzuola, Madre General de las Hijas de María Auxiliadora, quien destacó la expresión femenina del carisma salesiano, repasando la relación y la complementariedad entre Don Bosco y Madre Mazzarello, y esbozando algunos rasgos característicos de esta última. A través de estas reflexiones, Madre Cazzuola puso de relieve cómo, en virtud de la misión educativa, el carisma salesiano solo es completo si logra armonizar la contribución femenina y masculina, en una dinámica de reciprocidad: hay un dar y un recibir que enriquece y potencia las energías y los proyectos de bien. Ser portadores y testigos del carisma es un camino que exige actuar juntos, tejiendo redes, en plena sinergia. En esta perspectiva, la Madre General subrayó la convicción de que el Congreso era una valiosa oportunidad para relanzar la vocación y la misión salesianas en la perspectiva de la reciprocidad.

A la intervención de Madre Chiara le siguió una breve mesa redonda con los representantes mundiales de los grupos de la Familia Salesiana: Bryan Magro, Olivia Furlan, Guido Pedroni y Margherita Fiorito, coordinada por el Coordinador Mundial, Antonio Boccia.

La mañana continuó con la intervención de Antonio Boccia, quien ofreció al público una visión de la situación de la Asociación desde un punto de vista privilegiado, el del Consejo Mundial. El camino comenzó en 2018 con un objetivo claro: adquirir una mayor conciencia de la vocación de los Salesianos Cooperadores y dar mayor visibilidad a la Asociación.

El informe que presentó Boccia fue una ocasión para reflexionar sobre las dificultades, pero también sobre la capacidad de respuesta de la Asociación durante el periodo de la pandemia. La Asociación, en aquellos momentos, vivió el mundo de otra manera, apostando por el proyecto «Maiorano» para financiar microproyectos en las zonas más afectadas por la pandemia.

Para cerrar la intervención de Antonio Boccia, se expusieron los sueños para el futuro. Sobre todo, una advertencia para toda la Asociación: los sueños que se sueñan en solitario siguen siendo ilusiones, los que se sueñan juntos se hacen realidad.

Para hacer realidad el sueño compartido, por la tarde se celebraron los trabajos en grupo divididos por región. A partir las reflexiones de la mañana, se invitó a los participantes a identificar los retos pendientes del mandato anterior y aquellos que, en los próximos años, llaman a la Asociación a ser levadura en la Familia Salesiana, entre los jóvenes y las familias.

El último y emotivo momento de la jornada fue la celebración de la oración itinerante del «Via Lucis», con la intención y el deseo de que se convierta en un camino de fe para llevar la sonrisa de Jesús resucitado a la vida cotidiana de cada uno, allí donde el Señor nos llama.

Renovar la vocación laical

Al igual que los días anteriores, la jornada comenzó con la Misa, pero el 9 de mayo no fue un día cualquiera: es el día del 150º aniversario de la fundación de la Asociación y se celebra el momento en que, por fin, tras aproximadamente una década, la Iglesia aprobó el proyecto de Don Bosco de contar con laicos en la Familia Salesiana.

Durante la homilía de Pascual Chávez, Rector Mayor Emérito, hubo una advertencia inmediata de que el camino es todo cuesta arriba, pero sobre todo de dejar espacio al verdadero protagonista de la misión: el Espíritu Santo, porque es Él quien abre tanto las fronteras geográficas como los corazones de las personas al Evangelio. “De nosotros –subrayó don Chávez– se espera escucha, docilidad y colaboración”.

En los trabajos que siguieron, el núcleo de la jornada lo constituyó precisamente la escucha y la mirada de la Asociación hacia el exterior, hacia el compromiso misionero que debe asumir, hacia lo que debe caracterizarla y que será el legado que se dejará a los futuros Salesianos Cooperadores. En este sentido, se inauguró la mesa redonda en la que participaron cuatro personas procedentes de diferentes partes del mundo que debatieron sobre el tema: “Fermento entre jóvenes, familias y personas mayores”.

Ya por la tarde, creció la expectativa por el nombramiento, por parte del Rector Mayor, don Fabio Attard, del nuevo Coordinador Mundial. El XI sucesor de Don Bosco puso como fundamento cuatro palabras clave: escucha; comunión; misión y participación. Así, el Rector Mayor nombró a Borja Pérez Galnares, salesiano cooperador de España y que desempeñaba el cargo de Consejero Mundial para la Región Ibérica, como nuevo Coordinador Mundial de la Asociación para el periodo 2026-2032, siendo el primer elegido que no pertenece a la Región de Italia, Oriente Medio y Malta.

Borja dirigió unas palabras a los congresistas en el momento de su elección dando gracias por su nombramiento, recordando también a los hermanos salesianos cooperadores que le antecedieron en tal cargo de responsabilidad dentro de la Asociación, especialmente a Antonio Boccia, quien concluyó su sexenio.

Además, Borja expresó que «asumo este servicio con la certeza de que la Asociación no es un fin en sí misma, sino un instrumento humilde y precioso del plan de Dios para los jóvenes, especialmente los más pobres. Por eso, mi primera intención es mirar y escuchar, tal y como nos ha sugerido don Fabio este año en el Aguinaldo: mirar y escuchar al Espíritu, mirar y escuchar a la Iglesia, mirar y escuchar a los jóvenes y miraros y escucharos a todos vosotros».

Clausura con la mirada puesta en el futuro

El domingo 10 de mayo concluyó el VI Congreso Mundial de la Asociación de Salesianos Cooperadores. Un congreso que se ha interrogado sobre la actualidad de su presencia dentro de la Familia Salesiana y sobre su futuro.

En su informe final, el recientemente elegido nuevo Coordinador Mundial, Borja Pérez, partió del análisis presentado por las once regiones de la Asociación, todas presentes en el Congreso. Esta muestra un mundo herido, polarizado, desigual; un mundo en el que muchos jóvenes viven la incertidumbre, soledad y falta de puntos de referencia. Y muestra también una Iglesia en transición, en busca de nuevos lenguajes, estructuras y caminos de sinodalidad.

Recogiendo las numerosas ideas de las distintas intervenciones, tanto del Rector Mayor como de los trabajos en grupo realizados durante los tres días anteriores, Borja destacó las dos primeras líneas programáticas para el próximo sexenio: La primera es la creación de dos regiones en el continente africano, que actualmente constituye una única región con África y Madagascar. La segunda propuesta de trabajo es el inicio de un camino que prevé la constitución de un equipo técnico-consultivo al servicio del Consejo Mundial para la modificación del Proyecto de Vida Apostólica. El objetivo del grupo de trabajo es poder mantenerlo siempre actual y vivo, dando forma y respuesta a las numerosas peticiones recibidas en los últimos ocho años por la Secretaría Ejecutiva Mundial.

Para concluir, tuvo lugar la misa de clausura presidida por el Rector Mayor. Muy rica fue toda la simbología que acompañó la celebración, desde los cantos hasta el ofertorio. Los participantes en el Congreso se llevaron una lámpara y sal para dar testimonio de cómo, enriquecidos por la luz del Espíritu, el Señor nos hace conscientes de que hemos sido elegidos, llamados y enviados juntos a la misión.

Al término de la misa, Fabio Attard invitó a todos los participantes a realizar un último gesto. Así, cada uno de los presentes recibió una pieza de un rompecabezas que no es solo un recuerdo, sino un encargo: llevar a cada realidad un fragmento de este diseño de Dios que es la Asociación, sabiendo que esta solo encuentra su pleno sentido en el conjunto de tantos pequeños fragmentos, diferentes y únicos, que permanecen unidos. Porque, como enseñó Don Bosco: tres cordeles solos se rompen, pero unidos son fuertes y nadie los rompe.

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