
Yasury Romero
Soy de la generación que nació sin redes sociales y se estrelló contra ellas en la adolescencia. Esto me ha situado siempre en un territorio grisáceo de entender la vida sin ellas pero defenderlas de sus detractores por haberlas disfrutado.
En otros tiempos, algo viral era algo indeseable; hoy en día se ha transformado en la medida del éxito ¡Nos mueve la viralidad! Y en un entorno donde todo pareciera ser susceptible a estar expuesto, donde pareciera deseable mostrar todo, y cuando digo todo es todo, irrumpe la intimidad de las historias para mejores amigos, sí “mejores amigos” como los hemos llamado toda la vida, ese título que adjudicamos a aquella persona que conocimos en infantil y compartió su galleta con nosotros o el amigo de la universidad que nos dijo dónde estaba la secretaría, sin conocernos de nada, solo por la compasión de vernos con cara de extraviados.
¿Por qué crear una zona de esta exclusividad y no llamarlo “VIP” o con algún anglicismo de estos molones? Quizás porque responde a una necesidad latente: nuestros jóvenes buscan tener mejores amigos, más que “follower”, a quienes mostrarse sin vergüenza, a los que no les importa darle “cringe”.
¿A quiénes nuestros jóvenes escogen para estar en sus mejores amigos? ¿A quiénes escogemos nosotros como nuestros mejores amigos? ¿En los mejores amigos de quienes estamos?
Sin duda, aunque la forma ha cambiado, los criterios podrían ser los mismos: a quienes nos queremos mostrar tal cual somos, en quien confiamos y a quienes queremos tener cerca, en confianza, en complicidad, en intimidad.
En la intimidad dejamos entrar a quienes nos interesan, sé de algunos que en mejores amigos solo tienen al chico que les gusta y lo usan para lanzar indirectas, las antiguas notas de amor.
Ese icono verde que contiene una estrella, viene a recordarnos la luz y la esperanza que nos dan los mejores amigos, el cuidar y poner el acento en nuestros afectos, en nuestras redes de apoyo, en quienes nos iluminan. Ojalá de forma “on line” o “off line” podamos estar entre lo mejores amigos de nuestros jóvenes, de nuestros amigos, y nos abran la puerta a lo que realmente les importa, para acompañarlos en la cercanía, en la intimidad donde se muestra la esencia de la persona y se cuece la vida.













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