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Cultura del esfuerzo

8 septiembre 2026

Estamos comenzando un nuevo curso después de las vacaciones con la vuelta a las tareas habituales en la casa, laborales, escolares… Los niños y jóvenes están ya comenzando sus clases. Ante esta situación de reinicio hay como una cierta pereza que necesita ser superada, entre otras cosas, con una actitud, llamada esfuerzo, tan necesaria para el desarrollo de nuestras habilidades personales y sociales.

El esfuerzo se suene definir como el empleo enérgico de la fuerza física o del vigor de ánimo para lograr un objetivo y vencer dificultades. Supone una tensión o desgaste físico y psíquico que, aunque agota, resulta imprescindible para conseguir metas personales y profesionales.

En el campo de la educación en el que se desarrolla mayormente nuestra tarea supone o nos pide educar en el esfuerzo a los niños y jóvenes Hay quienes piensan que, en el terreno educativo, tanto padres como profesores, hemos bajado el listón, el nivel de exigencia en la educación tanto personal como escolar, que estamos formando una generación de cristal, evitando el esfuerzo de los niños y jóvenes, creando mentalidades flojas y dependientes.

Ciertamente la sociedad en la que nos toca vivir y educar presenta dinámicas que debilitan la perseverancia y el esfuerzo en los más jóvenes. Entre otras citaremos algunas:

La cultura del «clic»: El acceso inmediato a la información, el entretenimiento y reducen la tolerancia a la espera. “Todo, rápido y ya”. Gratificación inmediata.

Sobreprotección parental: Muchos padres todavía tienen en sus mentes aquello de “que no pasen lo que yo pasé” y tratan de resolver todos los problemas de los niños lo que les impide experimentar la frustración natural necesaria para desarrollar resiliencia.

Mensajes de éxito fácil: Muchos medios y redes sociales difunden la idea de obtener grandes beneficios con el mínimo trabajo o compromiso. “Aprender francés es pan comido”, leía estos días en una en unos carteles de propaganda en Madrid.

Frente a estos obstáculos los educadores, tanto padres como profesores, debemos saber educar en el esfuerzo. Los expertos en el tema nos facilitan algunas claves que nos pueden ayudar en esta tarea compartida entre la familia y la escuela, adaptándose al ritmo evolutivo de los menores y que les ayuden a desarrollar una voluntad fuerte que les permita decidir por sí mismos y ser autónomos:

Premiar el proceso: Felicitar el camino recorrido, el tiempo invertido y las ganas demostradas, no solo el resultado final.

Normalizar el error: Enseñar que equivocarse es una herramienta de aprendizaje.

Hábitos diarios: El esfuerzo se sostiene sobre rutinas repetitivas en el día a día. Perseverancia.

Asignar responsabilidades en casa: Tareas domésticas acordes a su edad.

Tolerancia a la frustración: Permitir que se enfrenten a pequeños fracasos cotidianos sin intervenir inmediatamente para solucionarlos.

Eliminar la queja: Promover un lenguaje positivo, optimista y constructivo ante los retos difíciles.

Modelado adulto: Los padres y profesores deben ser modelos y mostrar perseverancia ante sus propias dificultades.

Asociar esfuerzo con bienestar: Mostrar que superar un reto difícil genera orgullo, autoestima y satisfacción personal.

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