Un año más, el verano ha estado lleno de actividades en las casas salesianas. Las cifras pueden ayudar a comprender la dimensión de lo vivido. Unos 23.000 niños, adolescentes y jóvenes han participado este verano en campamentos, colonias urbanas, encuentros de fe, peregrinaciones, campos de voluntariado, momentos de formación y otras propuestas organizadas desde las presencias salesianas de España. Cerca de 4.000 animadores, acompañados por salesianos y salesianas, han dedicado parte de sus vacaciones a hacerlas posibles. Son jóvenes que educan a otros jóvenes y continúan una tarea que la mayoría de ellos realiza a lo largo del año en centros juveniles, grupos parroquiales, etc.
El Campobosco 2026, experiencia original de la pastoral juvenil salesiana española, ha sido una de las expresiones más visibles. Sus 700 participantes recorrieron Barcelona y los lugares salesianos del Piamonte siguiendo las huellas de Don Bosco y Madre Mazzarello.
Detrás de los cientos de actividades que se han organizado, hay reuniones previas, cursos de formación, planificación, preparación de materiales y atención a las necesidades de cada uno de los participantes. Los jóvenes animadores aprenden a trabajar en equipo, a cumplir horarios, a resolver conflictos y a responsabilizarse de otros.
Jóvenes educadores de otros jóvenes
Solemos hablar de los jóvenes como destinatarios de la acción pastoral. El verano salesiano completa esa perspectiva. Muchos jóvenes son también protagonistas, animadores y educadores. Reciben una confianza real y responden a ella. En una sociedad que a veces mira a los jóvenes desde la sospecha, 4.000 jóvenes entregando gratuitamente tiempo, capacidad y afecto constituyen un dato que llena de esperanza. Además, las actividades de verano son también una escuela para quienes las animan. Mientras acompañan a otros, ellos mismos crecen, revisan sus motivaciones y van perfilando su manera de estar en el mundo y en la sociedad. Y estar con un corazón salesiano.
Este es uno de los rasgos más originales de la pedagogía salesiana: confiar en los jóvenes sin dejarlos solos. Don Bosco, que fundó la Congregación con los jóvenes de su Oratorio, no esperaba a que fueran adultos para darles responsabilidades. Los invitaba a convertirse en colaboradores dentro del Oratorio. Aquella intuición continúa hoy en la acción pastoral de las casas salesianas.
Veinte mil participantes y cuatro mil animadores hablan de una gran capacidad de convocatoria. Pero el verdadero valor no está en haber llenado autobuses, campamentos o lugares de colonias. Está en haber creado espacios donde cada joven pudiera sentirse conocido y querido. Está en esa cadena educativa en la que quien un día fue acompañado aprende después a acompañar.
Así, el verano habrá sido una escuela de vida, de fe y de servicio. Y las huellas seguidas en estos meses comenzarán, de verdad, a dejar nuevas huellas para otros.




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