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¿Y tú?, ¿qué te repites?

El Rincón de Mamá Margarita

21 septiembre 2026

Yasury Romero

Yasury Romero

Este verano tuve la oportunidad de participar en un campo de trabajo en una Residencia de Mayores como voluntaria. Una experiencia enriquecedora por muchas razones, pero un hecho que me marcó especialmente fue el encuentro que tuve con una residente.

Me llamó poderosamente la atención desde el primer día por ser la más joven físicamente de esta casa, su cabello solo pintaba unas pocas canas y su apariencia física era bastante saludable, sin embargo, se encontraba siempre apartada y aparentemente molesta. Cuando me acerqué a hablar con ella me dijo sin ningún reparo, sin siquiera decirme su nombre: “Me han abandonado aquí, me han dejado sola”. Esa frase retumbó en mi corazón y en mi cabeza, se quedó grabada. Sin embargo, día a día yo era testigo de cómo por lo menos una vez al día sus hermanos y sobrinos acudían a visitarla, cómo los fines de semana la buscaban para ir a dar un paseo, cómo de todas las residentes era la más visitada y acompañada.

A una de las auxiliares de enfermería le consulté qué pasaba con esta mujer, por qué la contradicción entre el abandono que manifestaba y la compañía que yo veía todos los días. Me explicaron que había padecido una enfermedad mental que requería un cuidado muy minucioso, y que su familia prefería que tuviera la atención médica de la Residencia, pero, que acudían dos y tres veces al día para que sintiera la compañía de su hogar. Sin embargo, esta mujer desde el primer día en la Residencia repetía esa frase “me han abandonado”, pese a los esfuerzos de todos los familiares de hacerla sentir acompañada con sus visitas y detalles de todos los días. Me comentaron en la Residencia: “Se ha quedado aparcada en ese momento de la despedida del primer día y se ha quedado instalada en la idea de que la han abandonado”.

Viendo a aquella mujer que me repetía día a día “me han abandonado”, me encontré frente a un espejo que me hacía pensar en mí: ¿Cuántas veces me he quedado yo aferrada a una idea?, ¿cuántas veces me he quedado instalada en un episodio que me hace sufrir o me he repetido una frase que me hace daño?, ¿cuánto me envejece por dentro el no dejar ir aquel agravio que no me permite ver el bien que sí estoy recibiendo?

Me ha dejado en “mute” y me hace pensar en este inicio de curso, me hace preguntarme: ¿A qué escenas me quiero aferrar? ¿Qué episodios de esta nueva etapa quiero repetir? ¿Aquellos que me dañan o aquellos que me devuelven la esperanza? ¿Dónde quiero poner mi mirada?

Los que aún gozamos de salud mental podemos escoger en qué pensar, no perdamos de vista este gran poder, usémoslo a nuestro favor cuando el torbellino de la cotidianidad amenace con sumergirnos en el caos y en la repetición de los episodios dolorosos, escojamos con consciencia dónde decidimos poner nuestra mirada, dónde enfocamos nuestro pensamiento, de qué llenamos nuestra mente y corazón.

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