Me siento a escribir esto nada más llegar de vacaciones. A veces, los ritmos de publicación de esta revista no permiten la inmediatez que exige la vida digital. No sé si, mientras lees esto, el tema del que hablo habrá pasado de moda o se habrá consolidado; así de líquida es la red. Aunque me salgo un poco de la línea sobre Inteligencia Artificial que me había propuesto para este año, la actualidad manda. De los grandes debates virales del verano, me decanto por uno muy alegre y plenamente alineado con nuestra misión de estar donde están los jóvenes: el fenómeno “Farmear aura”.
Seguro que has oído hablar de ello. Ha corrido como la pólvora, generando debate en los corrillos de adultos durante las noches de verano. Para no perdernos, traduzcamos los términos. Por un lado, farmear es un anglicismo que viene del mundo de los videojuegos (de farm, cultivar). Significa repetir una acción una y otra vez para conseguir recursos, experiencia o subir de nivel. Fuera de las pantallas, se usa informalmente para referirse a acumular algo de forma sistemática. Por otro lado, aura es el término que los adolescentes utilizan hoy para referirse al carisma, energía o estilo que proyecta una persona. Es su “vibra”. En internet se habla de ganar o perder puntos aura según si haces algo genial o si, por el contrario, haces el ridículo.
¿Qué es entonces “Farmear aura”? Es la combinación de ambos conceptos: hacer cosas específicamente para ganar carisma o respeto ante los demás, normalmente de forma algo exagerada o irónica. Pero lo fascinante es que esto ha saltado a la calle. Grupos de adolescentes quedan en un parque o en una plaza pública para grabarse repitiendo esos gestos que consumen en TikTok. Buscan sacar contenido que parezca cool, haciendo retos, enseñando ropa o replicando movimientos virales. Es una quedada orquestada para generar un contenido que dé imagen de estilo.
¿Crítica o elogio?
Desde nuestra visión adultocéntrica, es fácil caer en la crítica rápida. Lo vemos sin sentido o como puro exhibicionismo. Os propongo mirarlo con los ojos de Don Bosco: amar lo que aman los jóvenes. “Farmear aura” no es algo vacío; es recuperar la calle y el encuentro físico. Los adolescentes nos están gritando en la cara justo lo que llevamos años pidiéndoles: que necesitan encontrarse, tocarse, verse y mirarse a los ojos.
Juntarse en un espacio público para compartir lo que ven en la red favorita es algo profundamente real, lejos de la despersonalización que a veces impone lo digital. Es la primera vez que el proceso se da a la inversa: hasta ahora tendíamos a digitalizar lo que vivíamos, volcando nuestra vida en la red, pero ellos están haciendo físico un concepto nacido puramente en lo digital. Este fenómeno es un aliciente tremendo para seguir mirando en positivo a nuestra juventud y saber que hay esperanza. Dejemos de criticar como viejos cascarrabias. Tal vez sea una moda pasajera, o tal vez sea el comienzo de una vuelta a lo físico, encarnando en las aceras de nuestros barrios la vida que palpita en sus pantallas.




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