La investigación reúne 832 respuestas de jóvenes y profesionales de la educación formal y no formal, además de entrevistas a personal educativo. Su conclusión principal es que desvela que la buena voluntad de los equipos educativos no es suficiente para contrarrestar las fallos del propio sistema. Se necesita el respaldo de los centros: tiempo para formarse, herramientas prácticas y cambios en la organización cotidiana.
La interculturalidad como actividad aislada
La formación es uno de los puntos débiles que identifican los profesionales consultados. Solo el 49,31% de las personas docentes consideran que la formación en interculturalidad es suficiente. Señalan que faltan oportunidades de capacitación y que la formación recibida no siempre les ayuda a resolver situaciones concretas. El informe advierte de que, si este trabajo depende de la iniciativa individual, resulta más fácil limitar la interculturalidad a actividades aisladas: jornadas gastronómicas o celebraciones de costumbres que muestran la diversidad, pero no permiten examinar las desigualdades ni el racismo presentes en la vida del centro. A este enfoque lo llama «interculturalidad folclórica».
El estudio identifica también una «paradoja de la convivencia». Las aulas se perciben como espacios seguros y respetuosos. Sin embargo, las entrevistas describen cómo los prejuicios y los discursos de odio que circulan en redes sociales y otros entornos llegan a los espacios educativos. Según el informe, cuando un conflicto de raíz racista se trata únicamente como una falta de conducta, se corre el riesgo de dejar intacta su causa.
La participación de las familias
La rigidez organizativa de los centros es otro de los obstáculos señalados. Horarios difíciles de conciliar, trámites y canales de comunicación poco accesibles pueden alejar a familias que quieren participar, especialmente cuando se suman barreras idiomáticas o experiencias de desconfianza hacia las instituciones. Las personas entrevistadas observan, además, que la relación con los centros recae mayoritariamente en las madres. El informe propone revisar horarios y formas de comunicación, crear espacios de encuentro útiles para las familias y promover la corresponsabilidad.
Ante este panorama, las entidades firmantes del informe hacen un llamamiento urgente a una acción conjunta y coordinada de las administraciones públicas y directivas de los centros para asumir una responsabilidad institucional compartida. El informe destaca que es prioritario flexibilizar los espacios y horarios para acoger de verdad a las familias, y formalizar espacios de co-creación como las escuelas de familias y talleres prácticos que aborden sus necesidades de adaptación.
El estudio forma parte del convenio «EnRÉDate por la Interculturalidad», de las ONGD salesianas Jóvenes y Desarrollo y Bosco Global, financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).
Puede consultarse el informe completo en la web del proyecto: https://generacion-g.org/.











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