Adú no es una película

Hace unos pocos días, al salir de la sala del cine  de ver la película Adú escuché a una chica que decía a su compañera: «han exagerado un poco, ¿no?. En ese momento, sentí unas increíbles ganas de responder a su pregunta en voz alta con un contundente y sonoro: «¡NO!». Le quería decir no a varias cosas:

¡NO!, la realidad supera la ficción. No han exagerado. Las historias de vida que conozco, que han compartido conmigo, me hacen decirte que lo que presenta la película es una parte de la cruda realidad que han vivido y viven muchos/as niños/as, adolescentes y jóvenes inmigrantes y refugiados, cada día.

¡NO!, no permitas que la idea de bienestar emocional te haga la jugada de caer en el miserable mecanismo de defensa de la negación, tan argumentado en esta época para temas que tienen que ver con el sufrimiento humano. 

¡NO!, no te cierres a la empatía con las cerraduras de lo razonable, de lo justo, de lo conveniente, de lo aceptable, de lo políticamente correcto y del control.

Adú no es una película. Adú es el niño que hoy ha visto como se desmoronaba todo a su alrededor hasta quedar solo, el niño del que han intentado o han conseguido abusar porque veían solo y vulnerable, el niño que es traducido en oportunidad de dinero, el niño que se convierte en alguien, al menos, hasta que cumpla la mayoría, el niño al que algunos quieren llamar delincuente por sobrevivir…

¡No!, no han exagerado. Atrévete a conocer para llegar a amar en lugar de temer o ignorar lo desconocido. Atrévete a vivir y compartir la realidad.

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