Navidad

27 de diciembre

EVANGELIO (Mateo 2, 13-18) 

Llamé a mi hijo para que saliera de Egipto Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise porque Herodes va a buscar al niño para matarlo». José se levantó, cogió al niño y a su madre , se fue a Egipto y estuvo allí hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo para que saliera de Egipto». Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños menores de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tempo por lo que había averiguado de los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes; es Raquel que llora por sus hijos y rehúsa el consuelo, porque ya no viven»

 

Tiempo interior

Dedica un tiempo de reflexión al comentario del Evangelio en Tiempo Interior, con José J. Gómez.

«De Egipto llamé a mi hijo»

Película

A no ser que vivas en las antípodas (¡o en las Canarias!), lo que caracteriza la Navidad es EL FRÍO. Y en Frozen no hay Navidad, pero hace mucho mucho frío: la princesa de un reino helado le congela el corazón a su hermana por un gélido hechizo. ¡Coge la manta!

CATEQUESIS

El texto evangélico afirma que los «Magos» no regresaron a hablar con Herodes, sino que volvieron a su país por otro camino… Y comienza la persecución del rey Herodes hacia la sagrada familia, que decide huir a Egipto. 

Egipto fue siempre un país de refugio para los israelitas. Los judíos que huían a Egipto se refugiaban en alguna colonia judía de las numerosas que había allí. En la época del nacimiento de Jesús vivía en Egipto una importante población judía. Sólo en la ciudad de Alejandría había más de doscientos mil judíos. La historia de la huida a Egipto se cierra con el dicho profético de Oseas: «De Egipto llamé a mi hijo (a mi pueblo Israel)». Esta frase desvela el signifi cado profundo del trozo de evangelio que leemos hoy. El sentido sería éste: Así como Dios salvó al antiguo pueblo de Israel de la opresión del faraón, y le condujo a la Tierra Prometida, bajo la guía de Moisés, así ha librado también a Jesús de la mano del rey Herodes, y le ha conducido desde Egipto a la Tierra Prometida para que construya el Nuevo Pueblo de Dios.

 El sentido profundo de este texto no es histórico, sino teológico: pretende establecer un nexo entre Moisés y Jesús de Nazaret. Ambos salvan su vida de un Ɵtiano, ambos realizan el camino de Egipto a Israel, ambos son los creadores de un pueblo destinado a recibir la salvación de Dios. Navidad es manifestación del amor de Dios. Pero la palabra de Dios nos recuerda una y otra vez que en el mundo sigue existiendo el odio. Jesucristo es la luz que de la BIBLIA viene al mundo, pero los que viven en la oscuridad quieren acabar con ella. Aquel que vino para ser el salvador y libertador de toda opresión sufre, desde los primeros días de su existencia, el odio, la persecución y el destierro. 

La celebración de hoy nos coloca frente al misterio del mal y del sufrimiento de los inocentes. Sigue habiendo demasiados Herodes empeñados en teñir la historia con sangre inocente. Jesús no nos ofrece una solución teórica, ni siquiera nos da una explicación del misterio del mal. Él comparte el dolor de todos los pequeños y sencillos desde su nacimiento hasta la muerte. Jesús nos enseña, con sus palabras y obras, que el amor de Dios es más fuerte que el mal y el dolor.