Navidad

29 de diciembre

EVANGELIO (Lucas 2, 36-40)

Había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy an- ciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones.

Cuando María y José llevaron al niño al templo, ella se acercó en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación deJerusalén.

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

 

Tiempo interior

Dedica un tiempo de reflexión al comentario del Evangelio en Tiempo Interior, con José J. Gómez.

«Hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén»

CATEQUESIS

Leemos el comienzo o prólogo del evangelio de san Juan. Con palabras solemnes y hermosas se nos dice que la Palabra de Dios ha acampado en medio de nuestro mundo para iluminarlo con su luz. Es un buen mensaje para cerrar este año 2020 al que despediremos hoy. Ha sido un año difcil, marcado por una pandemia que no sospechábamos cuando lo iniciamos. 

Han ocurrido muchos acontecimientos que quedarán grabados en nuestra vida. Tal vez este año, que ahora concluye, ha tenido momentos de dolor y gran dificultad. Ojalá que haya sido oportunidad para profundizar en aspectos esenciales de nuestra existencia. Ojalá que las dificultades vividas nos hayan ayudado a comprender elementos esenciales que tal vez habíamos olvidado. 

La Palabra de Dios se ha hecho carne humana en Jesucristo, poniendo en nuestra historia un principio de esperanza. Los creyentes sabemos que ni la muerte ni la vejez, ni el dolor ni la enfermedad, ni la guerra ni el hambre, ni ningún mal que podamos padecer podrá apartarnos del amor de Dios. 

Nuestra suerte está asegurada si recibimos a Cristo en nuestra vida, en nuestro hogar y en nuestro corazón. Los cristianos somos responsables de que este mensaje tan positivo se haga realidad en nuestro mundo lacerado por un extraño virus que llegó por sorpresa. De nosotros depende que estas palabras de esperanza dejen de ser meros conceptos para convertirse en realidades de convivencia fraterna, de paz y de servicio, especialmente a favor de los pequeños, los pobres y los humildes.

El tiempo que pasa, y que contamos por años, según el ritmo de la tierra alrededor del sol, es oportunidad para hacer presente a Dios en nuestro mundo, como lo hizo presente Jesucristo al nacer y vivir en medio de nosotros. Es el último día del año; una fecha en la que muchas personas se entregan a fiestas sin sentido, embotando su mente con ruidos, luces y vacías celebraciones. Nosotros proclamamos serenamente que Dios es Señor de la historia, que nos ha creado para compartir su felicidad y disfrutar su amor, y que nos sentimos comprometidos para dar testimonio todos los días que Él quiera darnos.