Alerta libertad de enseñanza. Esto no es un simulacro

Nos engañan y dividen con dualidades superadas, fútiles: izquierda o derecha, conservador o progresista… y mientras nos tienen entretenidos y crispados con esos debates dialécticos, de artificio, se nos escapa la única dupla importante: intervencionismo o libertad. A más intervencionismo de la Administración pública, menos libertad de los ciudadanos. Y a menos libertad, menos democracia.

Vamos directos, acelerando y sin freno, hacia el intervencionismo, porque me temo que este Gobierno de coalición que nos ha tocado en suerte –suerte de la que somos plenamente responsables, porque para que toque la lotería hay que comprar el décimo–, de intervencionismo entiende… y “tela”. Cada mañana nos desayunamos con que pretenden controlar la Corona, la Justicia, los medios de comunicación tornados a mera propaganda, y, por supuesto, la educación.

La libertad por bandera

Estamos ante un problema de libertad. La educación es siempre el tesoro más apetecido de los intervencionistas, con su sueño de una escuela pública única de titularidad de la Administración, como monopolio. Esto ha sido así desde el principio, la razón del esfuerzo por implantar la “common school”, que está en el origen de este concepto de escuela pública única, procedente de la Ilustración, de las revoluciones francesa y americana, de las experiencias de los Países Bajos, no respondía ni mucho menos a la intención de extender una instrucción base para todos y una ampliación de la educación, que contaba entonces con un número de puestos escolares muy aceptables en esos países, proporcionado por escuelas individuales y de entidades religiosas, sino que lo que pretendían era implantar un nuevo modelo de ciudadano (adoctrinando, sí, porque los poderes públicos adoctrinan) y restar influencia en el ámbito educativo a las diferentes iglesias, con lo que consideraban supersticiones y supercherías que no les dejaban avanzar.

Pues resulta que no es muy distinto al momento actual, en que la escuela pública única conllevaría el control absoluto de la educación por parte de las Administraciones públicas (ahora solo es casi absoluto), sin competencia, y la eliminación de la influencia de la Iglesia católica y su evangelización, titular de la mayor parte de los centros de iniciativa social, concertados.

Esa escuela pública única, supone el fin de la libertad de enseñanza, porque ésta conlleva la posibilidad de elegir entre diferentes modelos educativos, y, si no existen alternativas, no hay entre qué elegir. No se puede elegir entre lo mismo, entre lo idéntico.

La libertad en la igualdad

Lo más curioso es que, para este atentado a la libertad, se utiliza el argumento de la igualdad (otro clásico), que no es sino igualitarismo, procediendo a la mayor de las discriminaciones posibles, aquella basada en la distinción en función de los recursos económicos previos. De tal modo que, de prosperar esta imposición, solo tendría la oportunidad de elegir un modelo de educación distinto quien cuente con recursos económicos.

El proyecto de LOMLOE supone una vuelta, catorce años después, a la original y fracasada LOE socialista que nos llevó a los más bajos indicadores internacionales. Una nueva ley ideológica y partidista, no ya sin el consenso que viene reclamando la sociedad para frenar el bucle infinito de cambios legislativos en educación, sino sin ni siquiera diálogo, tras hurtarse el debate social y parlamentario, tramitándose en plena pandemia.

¿Una libertad intervenida?

Supone un paso más, firme y decidido, hacia el intervencionismo, con un listado inacabable de agravios a la libertad de enseñanza:

– Elimina la demanda social como elemento a tener en cuenta en la programación de plazas escolares, abocando a una planificación unilateral y dirigista por parte de la Administración, sin valorar las peticiones de las familias.

– Se inventa un “derecho a la educación pública”, frente al derecho a la educación que es el único reconocido constitucionalmente, y que se garantiza con plazas en cualquiera de los centros sostenidos con fondos públicos, también los concertados.

– Vuelve a postergar la enseñanza de la religión, sin alternativa ni evaluación.

– Recupera una nueva versión de la asignatura de educación para la ciudadanía con los mismos visos de adoctrinamiento que la anterior y la imposición de opciones que no han sido previamente consensuadas socialmente y que los padres no eligen.

– Vuelve a dar funciones de gobierno al Consejo escolar también en la concertada (más allá de las justificadas de participación y control, incluido el económico, que son las que proceden del marco constitucional), con el riesgo de que los integrantes de este órgano no compartan y pongan frenos al desarrollo del ideario, razón de ser de la existencia y la financiación con fondos públicos de estos centros.

– Realiza el enésimo intento, obsesivo, de acabar con la diferenciada.

– Insiste en los derechos de la infancia, que nadie cuestiona, pero virando a que su defensa corresponde a la Administración más que a la familia o incluso frente a la familia.

– Posibilita una distribución unilateral por la Administración del alumnado con necesidad o desventaja social o económica, cercenando de esta manera su libertad de elección.

– Insiste en la absoluta ausencia de autonomía de los centros.

– Cuestiona la supervivencia de los centros específicos de educación especial sin escuchar lo que dicen las familias ni los profesionales.

– No garantiza la educación en el idioma español

Defendamos lo que conlleva la palabra libertad

El momento es crucial, porque la polarización social ha llegado hasta tal punto, que los seguidores y simpatizantes de los grupos políticos se han convertido en hooligans, incapaces de cuestionar su voto, haga lo que haga su formación política, y aceptándolo todo acríticamente. Ya empezamos a no tomarnos tan a chirigota a aquellos agoreros que nos decían que Venezuela está más cerca de lo que parece, y resuenan los ecos de los venezolanos, cuando al inicio del régimen bolivariano los comparaban con Cuba, y decían aquello de “eso aquí no pasará” y vaya si pasó. Dios y la Unión Europea no lo permitan, porque las libertades se pierden con suma facilidad, pero después difícilmente se recuperan.

Fuente: www.boletin-salesiano.com

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