Algunos sueños de pastoral juvenil

La alegría del amor

El primer sueño es grande y me lleva a hablar de la alegría del amor. Sabéis que el documento que está sirviendo para el diálogo entre los padres sinodales se llama Instrumentum Laboris (IL). Al comienzo de este texto se expresa cuál es la finalidad que persigue el Sínodo: “La Iglesia está invitada a acompañar a todos los jóvenes, sin excluir a ninguno, hacia la alegría del amor” (IL 1). La mirada está puesta en la alegría del amor. No propone el Sínodo metas chicas. La vida merece la pena ser vivida a lo grande. No olvidemos que la alegría del amor tiene puesta su mirada en Jesús. Este es mi primer sueño.

Una Iglesia de rostro joven

El segundo habla de una Iglesia con rostro joven. Todos hemos podido comprobar que cuando los jóvenes están cerca, la Iglesia es atractiva. Ya hace cincuenta años, los obispos en el Concilio Vaticano II hablaban de rejuvenecer el rostro de la Iglesia. “La Iglesia, durante cuatro años, ha trabajado para rejuvenecer su rostro, para responder mejor a los designios de su Fundador, el gran viviente, Cristo, eternamente joven”.

De manera parecida se expresa el IL: “Los jóvenes pueden, con su presencia y su palabra, ayudar a la Iglesia a rejuvenecer su rostro” (IL 1). Me ha venido a la memoria unas palabras del papa Francisco a los jóvenes chilenos: “La Iglesia tiene que tener rostro joven, y eso ustedes tienen que dárnoslo. Pero, claro, un rostro joven es real, lleno de vida, no precisamente joven por maquillarse con cremas rejuvenecedoras. No, eso no sirve, sino joven porque desde su corazón se deja interpelar, y eso es lo que nosotros, la Santa Madre Iglesia hoy necesita de ustedes: que nos interpelen… ¡Cuánto necesita de ustedes la Iglesia…, que nos «muevan el piso», nos ayuden a estar más cerca de Jesús!”. ¿Será verdad que los jóvenes pueden ayudar a la Iglesia a rejuvenecerse? ¿Será verdad que los jóvenes nos pueden ayudar a estar más cerca de Jesús?

La esperanza cristiana

El tercer sueño habla de esperanza. Las primeras palabras que el santo Padre ha pronunciado en el Sínodo han sido de esperanza. “Ungidos en la esperanza comenzamos un nuevo encuentro eclesial capaz de ensanchar horizontes, dilatar el corazón y transformar aquellas estructuras que hoy nos paralizan, nos apartan y alejan de nuestros jóvenes, dejándolos a la intemperie y huérfanos de una comunidad de fe que los sostenga, de un horizonte de sentido y de vida”.

La espiritualidad cristiana es una espiritualidad de la esperanza. Decía san Pablo a los cristianos de Corinto: “tenemos la fe, la esperanza y la caridad”. Nos podríamos preguntar cuál de ellas nos hace más falta hoy. No sé lo que responderías. Yo creo que nos falta mucha esperanza. Habló de la esperanza que trae el Resucitado que viene cargada de alegría y deja huellas de santidad. “La esperanza nos interpela, moviliza y rompe el conformismo del ‘siempre se hizo así’ y nos pide levantarnos para mirar de frente el rostro de nuestros jóvenes y las situaciones en las que se encuentran. La misma esperanza nos pide trabajar para revertir las situaciones de precariedad, exclusión y violencia a las que están expuestos nuestros muchachos” (Francisco).

Presentes entre los jóvenes

Otro sueño es la presencia entre los jóvenes. Es un sueño muy salesiano. Estamos siendo testigos de que el Sínodo está siendo un ejercicio de escucha mutua. Ojalá sepamos escuchar mejor y más a los jóvenes. “Muchos han reiterado que la mejor manera de escuchar a los jóvenes es estar allí donde se encuentran, compartiendo su existencia cotidiana” (IL 64). En la asamblea sinodal algunos están diciendo que para escuchar a los jóvenes debemos estar presentes donde ellos se encuentren. La presencia es uno de los pilares de nuestro sistema educativo. Recordaba Francisco en EG: “La misión es una pasión por Jesús pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo… Así redescubrimos que Él nos quiere tomar como instrumentos para llegar cada vez más cerca de su pueblo amado. Nos toma de en medio del pueblo y nos envía al pueblo, de tal modo que nuestra identidad no se entiende sin esta pertenencia” (EG 268). Jesús nos quiere presentes entre los jóvenes porque Él quiere estar con ellos.

Apostar por la comunión

El quinto sueño propone apostar por la comunión. Y apostar es decidirse, elegir, tomar determinación. Este esfuerzo podemos concretarlo en nuestras comunidades educativas, en nuestra familia salesiana, en nuestra cercanía con la Iglesia diocesana. La comunión es el camino de la pastoral juvenil del futuro. “Respetando e integrando nuestras legítimas diferencias, reconocemos en la comunión el camino privilegiado para la misión, sin la cual es imposible ya sea educar que evangelizar. Es cada vez más importante verificar, como Iglesia, no sólo “qué” estamos haciendo para y con los jóvenes, sino también “cómo” lo estamos haciendo” (IL 198). En este camino de comunión nos situamos. Esta sigue siendo una de nuestras apuestas.

Puedes consultar el Boletín Salesiano en: http://www.boletin-salesiano.com

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