Arte y experiencia de Dios

Llevo bastantes años atrapado por el arte. Por esa belleza hecha de pinceladas, de huellas de alfarero en arcilla, de gestos en la danza o de cinceladas en la piedra. Belleza capturada en fotografías, vídeos o pequeñas piezas de un mosaico. Y no tengo ninguna duda acerca de que todas y cada una de ellas pueden convertirse en una fuente de inspiración para nuestra vida espiritual o una forma de expresarla.

Acercarse a una obra de arte es acercarse a la vida espiritual de quien la ha creado: a sus miedos, tragedias, amores, deseos y creencias. Y por eso, una obra de arte es capaz de despertar en nosotros esos mismos miedos, amores, alegrías, sueños, recuerdos…

Si nos acercamos al arte religioso no cabe duda de que gran parte de los artistas nos han dejado en sus obras mucho de su fe y de su experiencia de Dios. Son auténticos esfuerzos por expresar la presencia de Dios en algo tan concreto como un color, una forma, un rostro, un personaje literario o una melodía.

Ejemplos de arte que nos llevan a Dios

Conozco a personas que durante la Semana Santa escuchan la Pasión según San Mateo, obra musical de Johan Sebastian Bach, que nos transporta al sufrimiento de Jesús, tal y como lo narra en su evangelio en los capítulos 26 y 27. 

Algunos amigos no dejan pasar la ocasión de visitar el Museo del Prado en Madrid y acercarse al Cristo crucificado pintado por Diego Velázquez o a la magnífica obra El descendimiento de Rogier van der Weyden para orar y contemplar.

Miles de personas, con actitud penitente, oran ante las imágenes de los pasos de Semana Santa que, si bien este año no saldrán por las calles, siempre nos esperan en las iglesias, museos y capillas de nuestras ciudades. Basten como ejemplos el Cristo del Gran Poder en Sevilla o el Cristo Yacente en Zamora.

Ante este bello panorama, cercana ya la Semana Santa, durante este mes podríamos hacer un interesante ejercicio espiritual: visitar alguna obra cercana de nuestro propio municipio o, si nos los permiten, de nuestra comunidad. Hagamos en algún momento de nuestras vacaciones una visita cultural y espiritual, vivamos una auténtica experiencia artística, ya que, como indica el Directorio para la catequesis, estas experiencias pueden ayudarnos a transformar nuestros sentidos, a recorrer nuestro camino de fe, si de verdad estamos en búsqueda.

El arte sale a rescatarnos de la saturación de palabras y discursos. La belleza nos salva de lo ridículo y de la torpeza humana. La belleza nos rescata de la superficialidad, de la brutalidad y de la falta de humanidad. La belleza nos sitúa, por medio de nuestros sentidos, ante otra Belleza más profunda y, a la vez, superior: la Belleza del Amor. Del Amor de Dios que da la vida por amor en su Hijo Jesús.

Contemplemos en esta Semana Santa, ya cercana, el Amor de Dios y la Belleza de Dios en tantas obras de arte. Celebremos con nuestros sentidos a Cristo muerto y resucitado.

Fuente: Boletín Salesiano

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