“¡A sota porta pantalons!”

15 abril 2025

Era el 5 de noviembre de 1967, fiesta de Cristo Rey. Godelleta, Valencia, noviciado: ceremonia de imposición de sotanas. Cincuenta y siete novicios recibíamos, de manos de Mons. Marcelino Olaechea, el hábito clerical o, los coadjutores, la medalla.

Terminada la ceremonia, los novicios nos vimos rodeados de familiares y amigos que asistieron al acto y que nos felicitaban. Uno de mis compañeros estaba departiendo con sus parientes cuando un niño de unos 5 años, de la familia, se acercó sigilosamente al novicio por detrás y, con mucho cuidado, le levantó la sotana, lo suficiente como para ver lo que había debajo y exclamar, entre sorprendido y estupefacto, para que todos lo oyeran: “¡A sota porta pantalons!”, que traducido del valenciano quiere decir “Debajo lleva pantalones”.

Sí, el niño acababa de descubrir que su pariente novicio no era extraterrestre, que era como todos, que debajo de esa rara vestimenta que para él era la sotana, llevaba pantalones, como todos los varones.

Me ha venido esta simpática escena a la memoria (después de casi 60 años) cuando he visto o leído algunas reacciones ante las imágenes del Papa sin sotana, sin solideo, sin cruz pectoral. En camiseta y con los pantalones vistos, abrigado con algo que no sé si era un poncho sudamericano o una sencilla manta.

A alguno le ha parecido esta aparición del Papa indigna e irrespetuosa, un modo de presencia que desprestigia el Papado. A mí, en cambio, me ha parecido entrañable y humana. El Papa se muestra como lo que es: un ser humano, débil y frágil por la enfermedad, convaleciente y dependiente en sus movimientos y cuidados necesarios. Quizás hemos sacralizado demasiado la figura del Papa y lo hemos puesto en un pedestal tan alto y lejano que ahora nos extraña verle los pantalones y pararse a saludar a un niño que quizá ni lo reconoció.

Lo que es un tanto sospechoso y llamativo es que quienes ahora se llaman a escándalo y se rasgan las vestiduras por haberle visto los pantalones al Papa, no dijeron nada cuando todos vimos a San Juan Pablo II en bañador en la piscina, en traje de esquí en los Alpes y en ropa de hospital cuando varias veces estuvo internado; y no se preguntaron quién gobernaba la Iglesia (como ahora hacen) cuando era transportado en silla de ruedas y alguien tenía que leer los discursos en su nombre, porque él no podía.

Van a acabar escandalizándose de ver a Dios en pañales en el pesebre de Belén, o a Cristo desnudo en la cruz.

Sí, el Papa, debajo de la sotana, lleva pantalones. ¡Y parece que los lleva bien puestos!

2 Comentarios

  1. Joan alonso

    Como siempre el cardenal claro y conciso. Paz y Bien

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  2. JOSE ENEBRAL

    No, que me he detenido en la mención a don Marcelino, de interesante trayectoria y que fue director del centro de Atocha-Madrid (mi cole). Luego, añadir que -casualidades que ocurren- con Juan Pablo II tuve un cruce de miradas en un lugar en que no había multitud alrededor. Yo le reconocí y aplaudí a su paso rápido (como de incógnito) en un coche, y él me miró; no me tengo por un bendecido, pero sí por un mirado, caramba…

    Responder

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