
Marian Serrano
Estamos a las puertas de la Navidad, tiempo de familia, de amigos. Tiempo para recordar de dónde venimos y para afianzar qué estamos celebrando. Tiempo para buscar momentos de tranquilidad y sana conversación. Tiempo de paseos abrigados y de chocolate con los niños y no tan niños.
El adviento es ese tiempo de preparación y la Navidad el de celebración. De celebrar la vida de un niño, la entrega de una madre, el apoyo de un padre…Hay voces que nos cuentan que no les gusta la Navidad. Quizá por lo que representa, o quizá por los atracones tan innecesarios. Quizá por las reuniones no deseadas y aparentemente obligatorias.
¿Cómo vivía Mamá Margarita la Navidad? ¿Cómo la vivía Don Bosco? ¿Podemos vivirla como lo hacían ellos? ¿Podemos buscar la mejor forma de vivirla, en familia, con amigos, con los hijos, los padres e incluso con los cuñados? ¿Podemos aprovechar para recordar con alegría a quienes ya no están? ¿Podemos ayudar a que otras personas con menos facilidades las vivan algo mejor? ¿Podemos aprovechar estas fechas para crecer como personas, como familias, como comunidades? ¿Para crecer en justicia social? ¿Para caminar y buscar nuestra mejor versión en esa propuesta que nos hacen la familia de Belén, los sabios y pastores?
A lo largo del año tenemos estos tiempos que se presentan como lugares para ayudarnos a caminar hacia esa “mejor versión”. Hoy quiero parar, mirar, sentir, rezar, avanzar y colocarme en un lugar que me permita crecer.
Porque llegará otro momento del año en el que pueda volver a hacerlo, pero no para repetirme, será para avanzar un pasito más y subir un escalón o bajarlo según sea necesario. O abrir una puerta o cerrarla. Yo voy a aprovechar este tiempo para celebrar la vida desde cada detalle. ¿Vienes también?














0 comentarios