MI MANO EN TU MANO, TU MANO EN LA MÍA
De pequeña, los primeros versos que aprendí, decían así… “El mar. La mar. El mar. ¡Sólo la mar! ¿Por qué me trajiste, padre, a la ciudad? ¿Por qué me desenterraste del mar? En sueños la marejada me tira del corazón; se lo quisiera llevar…” Con el permiso de Alberti...

















