El otro día, en una reunión de una de las revistas en las que participo, surgió un comentario sobre el abuso de imágenes creadas por Inteligencia Artificial en uno de los números. Aquello encendió un debate sobre la propiedad intelectual y el miedo a que la máquina sustituya al profesional, ya sea fotógrafo o ilustrador. Les respondí con sinceridad: llevamos años usando fotos de internet para clases y conferencias sin citar fuentes; al menos, la IA nos ofrece material libre de derechos.
Imaginad el tono de la conversación. Pero la realidad es que muchos ilustradores -entre los que me incluyo- llevamos tiempo viendo cómo nuestro trabajo se desvaloriza. Se piden logotipos y carteles sin valorar su coste real, como si crear un logotipo o maquetar una publicación no requiriera de conocimiento técnico y creatividad. Es lógico que, ante trabajos mal pagados o gratuitos, surja la tentación de acudir a la IA para sacarlos adelante. Por otro lado, ya estamos viendo como en algunos concursos de carteles que prohíben explícitamente su uso para proteger a los artistas noveles, y me parece bien. Pero no olvidemos la historia: decían que la fotografía acabaría con los pintores, que la televisión mataría a la radio o que internet cerraría los periódicos. Todos se reinventaron, y hoy nos toca a los dibujantes y creativos. Creo que con la generación de imágenes por IA pasará lo mismo.
Materializando la imaginación
En el fondo, son herramientas que crean imágenes bellas en segundos sin necesidad de destreza manual. Usada con los parámetros adecuados, la IA nos permite materializar lo que está en nuestra imaginación al instante, y personalmente creo que eso no es malo. Eso también es creación. Yo mismo la he utilizado y conozco su potencial. El problema surge cuando dejamos que la máquina supla nuestra creatividad por completo y le cedemos todo el espacio, cuando no somos críticos con el trabajo o no le damos un toque personal.
Por eso es vital educar a los niños en habilidades básicas: cortar, pegar, pintar, mancharse las manos. No podemos permitir que la tecnología provoque desánimo vocacional o confunda lo que es el arte. Procuremos publicar en redes nuestras propias creaciones, buscando el equilibrio. Lo fundamental es educar en la belleza. Debemos explicar que el arte es expresión del alma humana, algo que la máquina solo imita. Fomentar la creatividad tangible no significa rechazar la tecnología, sino evitar que nos suplante. Ocurre con los móviles: ya no revelamos carretes y la cámara lo hace todo por nosotros, pero para inmortalizar una boda acudimos a un fotógrafo profesional capaz de captar una imagen única con esa técnica para la que lleva años preparándose. La creatividad no morirá, pero hay que educarla. La IA es solo una herramienta, no el fin.




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