Ocho palabras para 2026

9 enero 2026

Quizás sea esto como lanzar una botella al mar con mensaje dentro y esperar que alguien un día la encuentre y lo lea, pero aquí van ocho palabras que podrían ser como unos modestos faros que hicieran más segura y más humana la travesía por este 2026, cuyas aguas apenas hemos empezado a navegar.

La primera es “Paz”: la necesitamos como el comer. Paz “desarmada y desarmante” como propone con acierto el papa León. Paz en los grandes conflictos armados, desde luego; pero también en las distancias cortas que nos concierten tanto. Paz a pecho descubierto cuando haga falta.

“Esperanza”. Sé que en algunos ambientes intelectuales esta palabra cotiza a la baja porque es considerada como un placebo o un autoengaño piadoso. Pero la esperanza auténtica no defrauda. La esperanza es hacer algo porque tiene sentido y nos da la fuerza para intentar una cosa una y otra vez. Y si está cimentada en el encuentro con Jesucristo, más sólida será.

La tercera palabra sería “Sosiego”: esa quietud, tranquilidad y serenidad que nos esponja el espíritu y nos permite ver a los otros como iguales, no como adversarios o competidores a los que derrotar con crispación y violencia.

Y necesitamos una ración bien cumplida de “Sinceridad” en un tiempo en el que las apariencias, la mentira y la postverdad campan a sus anchas en la conversación pública y, no digamos, en las redes digitales.

No dejo de lado la “Belleza”. Esta adquiere múltiples formas y matices, es poliédrica y evoluciona con las culturas y la historia. Pero descubrirla bien viva en el arte, la música, el paisaje, las personas o los valores, le da calado de autenticidad a la vida.

Que no falte el “Hogar” a nadie que lo necesite. Es un problema lacerante en nuestra sociedad, un derecho fundamental tantas veces fagocitado por intereses económicos espurios y silencios políticos interesados. Una vivienda que sea hogar, no piso turístico o inversión especulativa para unos pocos.

“Perdón”: en las relaciones humanas deviene básico para apuntalar la convivencia. En la familia es necesario día tras día; entre vecinos, en el trabajo y con los amigos resulta imprescindible. En la vida política puede recibir otras denominaciones equivalentes como condonación, indulto o amnistía. El perdón me parece una de las grandes aportaciones del cristianismo a la humanidad. Cierto que no siempre se practicó en la historia de la Iglesia y algunos ejemplos al respecto son clamorosos; pero el Maestro lo dejó muy claro y lo selló con su sangre: murió en la cruz perdonando a quienes le odiaban. “Hasta setenta veces siete”, repetía a sus discípulos.

Y por fin, la “Alegría”. No me refiero a la sonrisa del bobo ni mucho menos a la mueca sardónica del cínico. Se trata de la alegría contagiosa del deber bien cumplido, del anclaje vital en la esperanza, de quien desea y se esfuerza para que el desierto de la tristeza y de la melancolía haya perdido un poco de su aridez con una sonrisa oportuna, una mirada limpia y hasta un chiste ocurrente, si se tercia.

Lanzo mi botella al mar con estas ocho palabras para 2026, escritas en un papelito con manos algo temblorosas por lo desproporcionado del propósito. Pero creo, confío y espero.

1 Comentario

  1. JOSE ENEBRAL

    No, si suena bien, José Luis; de hecho, lo de la paz suena a música celestial… Hasta la Iglesia encontró motivo para la guerra y la patrocinó. Yo situaría antes a la justicia, para que la paz sea justa, porque aquí, cuando acabó nuestra guerra, lo que en realidad llegó fue la victoria, muy celebrada por la Iglesia (no tanto la paz, como la victoria). Pues eso: música celestial; se viene incluso rezando por la paz y el resultado está a la vista.

    Lo de la esperanza puede valer, pero cuesta vincularlo a la religión. Lo del sosiego suena muy utópico a mi modo de ver; quimérico, considerando cómo está el mundo; no diré cursi, por respeto. Y la sinceridad ya casi se ha reducido al entorno personal; ojalá imperara también en la Iglesia, más atenta a la salvaguarda de su statu quo que al culto a la verdad, y deseosa de que lleguen los de PP-Vox, para hacer más ricos a los ricos, y más pobres a los pobres. Y la belleza habría que contemplarla con sosiego, cuando uno se pudiera abstraer lo suficiente.

    Hogar… No sé si también se referirá a que no falte un buen ático a cardenal que lo necesite; en fin, cosas de la multinacional católica. Perdón…Yo creo que hay cosas que no tienen perdón de Dios, pero voy a que los humanos podemos olvidar, relativizar… En cosas gordas no creo yo que tengamos la potestad. Lo de la alegría lo veo como exceso final, licencia festiva que uno se toma (tú te tomas) alegremente; quiero decir que estamos relativamente alegres (en su caso) por no llorar.

    A ver, que el optimismo es mejor que el pesimismo, qué duda cabe; pero quizá no deberíamos preterir una suficiente dosis de realismo (¡como está el mundo!) y por eso comento. Temo que no vamos a tener paz y aquí Dios se halla ausente: no podemos esperarle. Yo pediría especialmente (para 2026) sentido común, buena fe, justicia, responsabilidad, respeto a los demás, objetividad, solidaridad, visión global y de futuro, amplitud de miras…

    Oye, que muy bonitas las ocho palabas, José Luis, pero parecen pedirnos que miremos para otro lado y dejemos que las cosas se terminen de complicar. No sé…

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