En la oscuridad de las minas de Moria, Tolkien sitúa un diálogo entre el mago Gandalf y el hobbit Frodo. Conscientes de que la desdichada y malvada criatura Gollum les estaba siguiendo, el portador del anillo se lamenta de que no se acabara con él cuando se tuvo la oportunidad: – ¡Lástima que Bilbo no lo matase!, – ¿Lástima?, responde el mago con sabiduría, sí, lástima fue lo que movió la mano de Bilbo. No matar sin necesidad. Muchos de los que viven merecen morir y muchos de los que mueren merecen vivir, ¿puedes devolver la vida?, pues no te apresures entonces a dispensar la muerte, porque ni el más sabio conoce el fin de los caminos.
La epopeya fantástica de “El Señor de los Anillos”, escrita por el profesor de Oxford, rezuma de sabiduría y experiencia cristiana de la vida, tanto en sus personajes como en las diversas situaciones que recrea. La lástima y la compasión de aquel hobbit, unida a la humildad y discreción de su hazaña hizo posible que el bien tuviera más poder que el mal y la sencillez prevaleciera sobre la soberbia.
La fe en Jesús
En el mundo real, mientras la humanidad se despierta cada mañana con las amenazas de los misiles y estragos de la violencia, la fuerza terapéutica de la fe en Jesús sigue ejerciendo su poder en la vida cotidiana y humilde de muchas personas. El poder de que el mal no tiene la última palabra e incluso de que puede ser vencido y derrotado a fuerza de detalles y signos de bien. Este es el poder que hace posible que los enemigos vuelvan a la amistad, que los adversarios se den la mano, que el amor venza al odio, la venganza deje paso a la indulgencia y la discordia se convierta en amor mutuo.
No son deseos huecos, ni palabras bonitas para construir una oración litúrgica. Es el poder de Dios que se ha manifestado en Jesús y que ha querido compartir con nosotros. Por tanto, es un poder que hemos heredado de aquel que reina desde una cruz, derrota a los poderosos con el perdón y une a los suyos insuflándoles el espíritu del amor y paz.
Es el poder de quien es tan libre y auténtico que se siente por encima de las envidias cotidianas, de las críticas habituales, de las habladurías o del amor propio herido por situaciones de la vida. Es el poder de quien no entra en el juego de la soberbia y del orgullo y desmonta así, cualquier “ataque”, con la serenidad, silencio y paz interior.
En la literatura de Tolkien, la lástima de Bilbo permitió que el bien prevaleciera sobre los engaños y mentiras del mal. En este mes de abril, contemplando el misterio de la Pascua, entendemos la fuerza del perdón, de la comunión y de la compasión. El poder del amor que desmonta al odio, el poder de la fe que de modo misterioso pero real es capaz de suscitar esperanza de las situaciones más difíciles de la vida. El poder de la cruz, del amor, de la vida, de la paz que nace de quien se sabe reconciliado con Dios. El poder de la Resurrección.




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