Estas víctimas se sienten estafadas. Ahora se dan cuenta. Cualquiera con unos mínimos conocimientos de historia, o con un poco de sensatez tenía elementos suficientes para adivinar por dónde irían las cosas. Porque estos ilusos han comprado humo. Les han timado con la vieja receta centenaria que ya fue utilizada profusamente hace un siglo después de la primera guerra mundial.
La clientela potencial de cualquier vendedor de humo es una población agriada por la ineficacia de las instituciones, por la carestía de la vida, o por las desigualdades. Igual que hace un siglo en Italia y Alemania. La gente estaba furiosa después de la crisis de 1929, y ahora, después de la crisis de 2008. Y con razón, porque la economía había gobernado, en lugar de gobernar los principios democráticos. Y la economía, digamos más bien los poderes financieros, es una bestia salvaje a la que hay que atar corto, de lo contrario se convierte en un monstruo insaciable. La receta con la que los vendehúmos de toda especie y época histórica camelan a sus seguidores es la misma, aunque con variaciones que dependen de la zona geográfica, y la época.
Componente emocional:
Un enemigo común: Antaño fue el pueblo judío, o los comunistas. Hoy se centran en los inmigrantes.
El miedo como emoción predominante: no hay ninguna emoción que perturbe tanto la capacidad de razonamiento como el miedo.
El reforzamiento del sentido de grupo frente al pretendido enemigo. Aquí entra con grandes aspavientos el nacionalismo, sea del signo que sea. Todos funcionan de igual manera: la exaltación de los valores patrios; un romanticismo a ultranza; idealización del pasado; una idea de pueblo más mística y legendaria que real; y una estética cuidadosamente orquestada.
Militarismo.
Fomento de la agresividad frente a todo lo que se considera enemigo: extranjeros, homosexuales, partidos rivales; etc.
Utilización del sentimiento religioso para cohesionar al grupo y buscar legitimidad.
Presentarse como el defensor de los valores patrios, religiosos y culturales que se muestran como amenazados.
Identificación con personas de éxito.
Componente cognitivo:
Crítica del Estado como ineficaz, corrupto y enemigo de la “libertad”.
Disminución de la inversión pública…. menos del gasto militar.
Consideración del neoliberalismo económico como la gran panacea de la realización humana.
Presentar la reducción de impuestos como liberación de la tiranía del Estado.
Exaltación del individualismo extremo, personificado en la imagen del “Self made man”. (“El hombre hecho a sí mismo”).
Fomento de las técnicas de autoayuda y de mensajes del tipo: “Tú puedes si quieres”. como si el éxito fuera solo una cuestión de disciplina personal.
Considerar el éxito económico como el único criterio.
Desprecio de las leyes que protegen los derechos sociales, o el medio ambiente.
Darwinismo social.
Componente conductual:
Fomento de las acciones colectivas que visibilizan al grupo.
Identificación con grupos violentos que muestran falta de respeto por las normas consideradas “decadentes”.
Desconexión entre las opciones políticas y las reivindicaciones: criticar al Estado mientras se vive de subvenciones.
Acciones en contra de colectivos o personas concretas, en algunos casos, personas vulnerables.
La lista no es exhaustiva. Ni qué decir tiene que esto no es más que un intento de explicar una realidad social, y que hay diferentes grupos sociales con características diferenciadas, en diferentes países.
Lo que sí es cierto es que el futuro votante arrepentido, que solo hace caso lo que le dice su red social, no se entera de que la fórmula vendehúmos es vieja, y ha sido empleada en diferentes épocas con los mismos resultados: siempre beneficia a quienes no tienen necesidad del Estado, pues, al reducir los impuestos ellos pagarán mucho menos, y él, pobre iluso, pagará mucho más por servicios que no podrá permitirse, como la sanidad, educación, medio ambiente sano, seguridad, comunicaciones, y un largo etcétera.
Los vendehúmos tienen el éxito asegurado. Porque el timo de la estampita es viejo como el mundo, pero los timadores siempre encuentran incautos que jamás habían oído hablar de él.
Los educadores no podemos pasar al lado de estas cuestiones. Porque el futuro depende de la formación de una ciudadanía crítica que desafíe las trampas cognitivas y emocionales de estos timadores de chistera.
No hace falta ir muy lejos para inspirarse: La doctrina social de la Iglesia siempre ha reivindicado el papel del Estado, justamente para defender a los más débiles. Es un principio que surge del mismo Evangelio. Se echa de menos más contundencia por parte de los colectivos eclesiales, especialmente por parte de los obispos de nuestro país, para denunciar esta avalancha de mensajes vendehúmos. Lo más triste es que incluso se fomentan en algunos medios de comunicación propios.
Frente a los nuevos faraones que propugnan el darwinismo social como modelo de éxito, hay que gritar bien claro que, para los cristianos, los más pequeños, los más vulnerables; son los más importantes. Y nosotros debemos ser la voz de quienes menos pueden defenderse. Porque eso es lo que hizo Jesús.
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