Celebrar la Navidad en pandemia

Ayer paseando con mi ‘amatxu’ (nombre cariñoso de “mamá” en euskera), me dice: “Han dicho que este año no vienen los Reyes Magos”. Se me cayó un cacho de corazón. No pude evitar decir: “¡Nosotros en el colegio ya estamos pensando cómo van a venir los Reyes y hasta los camellos, si hace falta!”.

¿Puede no celebrarse la Navidad? Las personas, con una tradición preciosa de esperar que lo pequeño entre en nuestra casa y lo desordene todo amorosamente, somos quienes no imaginamos no celebrar la Navidad, la Gracia de la espera, de la Esperanza, de la Luz, de lo Pequeño, Sencillo y Humano en profundidad.

Por tanto, es impensable no celebrar la Navidad, es impensable que no estemos pensando ya cómo hacerlo de forma segura.

La austeridad, lo necesario… este año toma fuerza la búsqueda de lo importante, el calor humano que buscó San José para que María pudiera “dar a luz”.

Se me ocurren gestos, iniciativas

Los Reyes pueden llegar con megáfonos y en mitad del patio, calles, plazas… con mascarillas. Ser cercanos a todos los que necesitamos esperanza.

En el calor de casa, los mayores debemos contarles a nuestros pequeños cómo fue nuestro tiempo de espera, cómo nos preparamos para su llegada. Y desde ahí, narrarles el relato de la andadura de José y María para que tome fuerza dentro de nuestros corazones.

Preparar un Belén que recorra la casa, primero José y María con un burro saliendo desde algún lugar… Bueno, ponerle creatividad, escuchar a los más pequeños. El reciclaje es una posibilidad para crear cualquier personaje que debáis hacer para vuestro Belén (corcho de botella, rollo de papel higiénico…). Comenzar a preparar el camino mucho antes para culminar en la Nochebuena y continuar hasta el Día de Reyes.

Con la soledad y la necesidad siempre debemos estar vigilantes. En esta Navidad, debemos ser “audaces” como Don Bosco y salirnos del marco de nuestras comodidades y provocar para dar calor a estas realidades.

La Navidad es un recordatorio de la Familia Universal que somos, es el recordatorio de que desde lo más profundo de nuestro ser, lo sencillo, lo pequeño es lo que potencia el amor. Dios nace para transformar nuestra vida y ser sus manos y sus pies, somos sus cómplices en el camino de la transformación.

¡Feliz Navidad a todos! Nuestro objetivo es celebrar con seguridad en lo recogido y pequeño, el regalo más grande que hemos recibido. Dios se encarna entre nosotros.

Fuente: Boletín Salesiano

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