Chennor Amadu

Durante casi todo el mes de septiembre y octubre ha estado residiendo con nosotros, en la Procura de Misiones de Madrid, el salesiano Jorge Crisafulli, misionero en Sierra Leona. Ha recorrido, también, una docena de ciudades españolas y varias del extranjero para promocionar la campaña “Inocencia entre rejas” con un documental promovido por Misiones Salesianas, titulado “Libertad”, situado en la prisión de Pademba de Freetown, capital de Sierra Leona. Es un relato terrible y a la vez lleno de esperanza, en el que se pone de manifiesto la actualidad del Sistema Preventivo de Don Bosco para restaurar la vida de tantos menores en las cárceles de Sierra Leona.

Con él venía, acompañándole, Chennor Amadu. Su testimonio ha conmovido a las personas que han asistido a la presentación. Jamás soñó que su encuentro con los salesianos de Don Bosco en la cárcel de Freetown le cambiaría tanto la vida como para pasar de ser el rey de las peleas al mejor defensor de los menores en la prisión y en la calle. Por eso se define como “hijo de Don Bosco” y al conocer su primera obra para los niños de la calle de Turín, su casa de I Becchi, su tumba en la basílica de María Auxiliadora y el Colle Don Bosco, le han hecho decir que ha vivido “uno de los mejores días de mi vida”.

Siendo menor, estando en la prisión de Pademba, sufrió abusos sexuales en reiteradas ocasiones. Cuando los salesianos de Don Bosco le rescataron de la prisión, le invitaron a trabajar con ellos para que ningún menor de la calle entrara en prisión y rescatar a los que ya estaban. El primer día que entró en prisión como trabajador de Don Bosco, visitó a su abusador y le llevó comida, agua y jabón. Le obligó a mirarle a la cara y le dijo que le perdonaba pero que jamás lo volviera a hacer. Hoy Chennor ha formado una familia, tiene dos hijos, y es el mejor guardaespaldas de los misioneros salesianos de Freetown cuando salen por las noches a rescatar a menores en situación de calle y prostitución.

El perdón es la mejor medicina para curar las heridas producidas por tantas situaciones terribles y traumáticas de violencia en la vida. Difícil, pero es el mejor camino para restaurar los destrozos que el odio ha producido en tantas personas por estas acciones. Perdonar a los que nos han hecho daño, y mucho, es el camino para que el Señor nos perdone nuestra caídas y errores.

Perdonar a los demás y, también, perdonarnos a nosotros mismos. Todos tenemos fallos, cometemos errores, a veces gordos, y no podemos pasarnos la vida rumiando y lamentando nuestros fallos y fracasos. El Señor siempre perdona, ¿por qué nosotros no vamos a perdonarnos?

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