Creciendo contigo

En febrero recibimos la visita de varios salesianos con motivo de la misa funeral en memoria de otro buen salesiano, muy querido en nuestra comunidad. Al finalizar, hablaba con uno de nuestros visitantes. En las pocas ocasiones en que hemos podido conversar, siempre logra transmitirme una profunda sensación de paz. Se lo hice saber.

“No siempre he sido así”, me respondió. “A lo largo de mi vida he cambiado mucho, he aprendido mucho y espero seguir aprendiendo. Le doy gracias Dios por todas esas personas que he encontrado en mi camino, y que me ayudan a crecer”.

Desde entonces he vuelto a pensar a menudo en sus palabras. Reflexiono, miro a mi alrededor. Yo también tengo mucho que agradecer a tantas personas que han sido y son un regalo en mi vida. Mis padres, modelo de amor, paciencia y entrega, de esfuerzo y entusiasmo. Mis hijos, que me animan cada día a dar lo mejor de mí misma. Esa amiga de toda la vida, a la que me une un vínculo tan especial que hace que, aunque nos veamos poco, tenga la certeza de que acudirá de inmediato si la necesito. Esa vecina luchadora que trabaja largas jornadas y, además, es madre, es hija, es esposa, es cuidadora y es una amiga que siempre sonríe.

Ese amigo, que te llama con la excusa de tomar un café porque vio en tu cara la sombra de una mala semana y sabe que necesitas charlar. Esa compañera de corazón enorme que te da un gran consejo, haciéndote ver algo obvio en lo que no habías reparado. Aquel otro compañero, con el que metiste claramente la pata y que te respondió con una sonrisa paciente y comprensiva. Esa mujer, sencilla y generosa, que decide acoger en su familia a un bebé cuyos padres no pueden cuidar en estos instantes. Ese alumno, que se acerca al chico que está siempre en aquel rincón del patio, y se sienta junto a él para aliviar su soledad. Todas esas personas que, a pesar de lidiar cada día grandes batallas, lucen siempre una sonrisa impecable y regalan una palabra de ánimo a quien lo necesita.

Repensando todo esto, me doy cuenta de que yo tampoco soy la misma de hace unos años. No soy yo por mí, soy yo vosotros, por ti, que con tu ejemplo haces que quiera ser mejor persona. Gracias por ser mi aliciente, mi referente, mi motor. Gracias por dejarme seguir creciendo contigo. Doy gracias a Dios por vosotros, doy gracias a Dios por ti.

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