Cuestión de estilo

Salgo de casa, subo al coche, arranco y me incorporo a la calle. Nunca me han gustado las calles con tanta pendiente. Los coches circulan a toda velocidad, bien porque suben acelerando para poder superar la cuesta, bien porque bajan aprovechando la ayuda extra de la gravedad. En este contexto, un coche que acaba de iniciar la marcha es una molestia, no sigue el ritmo de los que ya circulan y les impide ir más deprisa.

En efecto, se acerca un coche negro, con aspecto deportivo y las ventanillas bajadas. Su conductora apoya el brazo en el marco de la ventana dejando ver un amplio tatuaje. Me dedica una mirada hostil. Luego acelera bruscamente, cambia de carril, me adelanta, cambia de nuevo y vuelve a cambiar para parar finalmente su coche en la larga cola que preside el semáforo en rojo, justo al lado del mío. Tiene aspecto de enfadada. Siento pena por ella.

Dicen que las reuniones de comunidad de vecinos son capaces de sacar lo peor de cada persona. Esta tarde asistía a mi segunda reunión de comunidad sin muchas esperanzas de encontrar algo distinto. La primera había sido muy larga, con ideas repetitivas y algún tema polémico que generó enfrentamientos entre unos y otros vecinos. Aquella primera reunión había culminado con la elección de una nueva junta directiva, encabezada por una presidenta de aspecto tímido.

Para mi sorpresa ha sido una reunión muy productiva. Se han tomado decisiones útiles para la comunidad y, ante las diferencias, ha predominado el tono mediador y de respeto, incluso ante aquellas propuestas que podían resultar más descabelladas. Todo el mundo ha sido escuchado y sus opiniones tenidas en cuenta. Si en algún momento alguien se ha mostrado más insistente o ha tendido a exaltarse, ha habido otra persona que amablemente le ha ayudado a moderarse. Al finalizar la reunión casi todos estábamos contentos y muy satisfechos.

Posiblemente el secreto haya sido que la nueva presidenta ha contado con los vecinos que suelen hacer propuestas para preparar previamente esta reunión, buscar formas de ahorro en la comunidad y preparar propuestas a los problemas que se habían detectado. Ha mostrado un talante integrador y de diálogo y ha encontrado, en lugar de un grupo de personas que se oponen a todo, un grupo de colaboradores que, aunque con distintos puntos de vista, buscan soluciones.

Comparada con la escena de la mañana me parece que hay que concluir que es una “cuestión de estilo”. La amabilidad, rasgo esencial de la pedagogía salesiana, produce beneficios y satisfacción para todos. Es simple: Let’s be kind.

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