¿De qué somos semilla?

¡Qué rápido vuelan las malas noticias! Un compañero fracasa, dos amigos discuten más de la cuenta, un cotilleo dañino sobre alguien que no nos cae bien, una pareja se rompe y tardamos muy poco en enterarnos. Esas malas noticias vuelan por la oficina, por el barrio, por casa, por redes sociales, por WhatsApp, o como secretos que llegan a nuestros oídos, pero… “yo no te he dicho nada”. Ese tipo de noticias, vuelan. Y si puede ser buscando culpables, mejor.

Sin embargo, ante realidades positivas ajenas, nos cuesta mucho expandir la noticia. O si alguien triunfa, incluso, nos cuesta atribuir el éxito a sus cualidades personales.

Ante las situaciones cotidianas que nos presenta la vida, ¿qué predomina en nosotros? ¿Eres agua, aire, alcohol o gasolina? Es esta una pregunta que podrías hacerte, o quizás es esta una pregunta que deberías hacer a las personas que te conocen. ¿Cómo te ven ellos? ¿Cómo agua? ¿Aire? ¿Alcohol? ¿Gasolina?

Imagina un bosque y, de manera accidental o provocada –en este caso es lo de menos–, unas hierbas comienzan a arder. ¿Cómo actúa cada uno de esos cuatro elementos ante esa incipiente llama? El agua. El viento. La gasolina. El alcohol.

En el trabajo, en la familia, en toda relación entre personas hay muchísimas situaciones de desencuentro en las que nos vemos involucrados de manera directa o indirecta. Piensa: «¿Cuál es mi actitud cuando alguna situación comienza a arder?».

¿Soy agua que intenta que el fuego se apague y no vaya a más?

¿Soy aire que sin hacer nada dejará que, al azar, el viento se encargue de propagar o apagar ese fuego?

¿Soy gasolina que acelera de manera nefasta y con consecuencias normalmente impredecibles ese fuego?

¿Y el alcohol? ¿Soy alcohol? Sí, alcohol de 90º. Tan transparente, con apariencia de agua, pero con consecuencias tan distintas… ¿Soy alcohol?

Posiblemente todos llevemos en nuestro interior esas semillas de agua, de aire, de alcohol y de gasolina. Posiblemente prevalezca alguna en nosotros, posiblemente florezcan en mí dependiendo de cada situación o de la relación que tenga con las personas afectadas.

Mejorar tu capacidad de amar implica cuidar el uso que haces de esas semillas en tu día a día. Recuerda que eres entorno y tus palabras y acciones forman parte del entorno de los demás, y por extensión y reciprocidad, del tuyo propio.

Fuente: Boletín Salesiano

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