Directos al corazón

¿Cómo tocamos el corazón de las personas que más queremos? Puede que no nos hayamos parado a pensarlo, pero estoy segura de que lo demostramos incluso sin darnos cuenta. 

Por una parte, nos preocupamos por ellos. Preguntamos qué tal ha ido su día, cómo ha ido el examen o llamamos a un amigo al que hace tiempo que no vemos para saber qué tal le va todo. Cara a cara, un simple mensaje o una llamada, sea como sea, alguien se preocupa por una persona a la que quiere y ella lo agradece. Es importante prestar atención a lo que nos cuenta, no podemos dejar de escuchar por estar pesando en nuestros propios problemas o mirando el teléfono para ver las últimas noticias de twitter o historias de instagram. Si hacemos esto, le quitamos la importancia que tiene esa persona en nuestra vida, si es que realmente es así. 

Hace unos días, vi por la calle a una madre paseando con sus dos hijos, de unos ocho y cuatro años. La madre mantenía una conversación con su hijo mayor mientras el pequeño lloraba y se quejaba diciendo “quiero hablar, quiero hablar”. Ese niño necesitaba sentirse escuchado, contar algo que realmente era importante para él y no le estaban dando la oportunidad de expresar sus sentimientos sobre algo vivido o un sueño que pudiera tener. Al no ser escuchado, siente que lo que le pasa a él puede que no sea importante para los demás y por tanto, que él no sea importante para las personas que él más quiere. Escuchemos.

Por otra parte, qué importantes son los pequeños detalles. ¿Quién no sonríe al ver una nota encima de la mesa de la cocina desayunando y que diga “Espero que tengas un gran día”? A partir del momento en el que en tu cara se dibuja una sonrisa, ese día ya tiene otro color y tú tienes una actitud más alegre que transmitirás a aquellos a quienes te cruces durante las primeras horas de la jornada. Un desayuno recién hecho para ti, una llamada para saber que estás bien, un mensaje de ánimo o unos “buenos días” de un compañero de trabajo llenos de alegría por vivir un nuevo día.

Seamos detallistas y escuchemos. El amor hacia los demás no se demuestra con dinero ni con invitaciones a fiestas. El amor verdadero de una amistad, de una relación familiar o de pareja se demuestra con lo más sencillo de la vida, con palabras amables, una sonrisa, un abrazo o con un bizcocho de zanahoria recién hecho con todo el amor pensando en esa persona la que se lo quieres demostrar. Porque el amor no se cuenta, se demuestra.

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