David Pastor Corbí, pintor: «Don Bosco forma parte del paisaje de los jóvenes»

David Pastor Corbí es un pintor alcoyano, antiguo profesor del colegio salesiano San Vicente Ferrer de Alcoy (Alicante), que acaba de presentar su cuadro “Don Bosco en Valdocco”, en el que aparece Don Bosco asomándose a la ventana de su habitación hacia el patio del oratorio de Valdocco. Con mirada fresca, serena y penetrante, se acompaña en primer plano de libros, herramientas y unas pelotitas de juego, objetos simbólicos relacionados con el proyecto educativo salesiano. El conjunto queda enmarcado por una ventana abierta de par en par, envejecida y gastada por el uso y el paso del tiempo.

Concluyó el cuadro en los meses de confinamiento en España por el Covid-19, dato que interpreta como “una ventana abierta también a la esperanza y al recuerdo”. El pasado día 26 de junio de 2020, hizo entrega de esa obra a la comunidad salesiana San Juan Bosco de Valencia.

Aprovechando su presencia en Valencia, se avino amablemente a esta entrevista con el fin de comentar los aspectos de una criatura de la que acababa de desprenderse y cuya fama, a través de la prensa y las redes sociales, ha suscitado el interés de muchas personas e incluso traspasado los límites de nuestras fronteras.

Se nota, al ver el cuadro, que no eres ajeno a la persona de Don Bosco. ¿Cuál ha sido tu relación con el mundo salesiano?

DPC. Vivir en Alcoy y no tener contacto con los salesianos es prácticamente imposible. Aunque no fui alumno del colegio, frecuentaba el oratorio festivo y el santuario de María Auxiliadora. Andando el tiempo, precedido por mi hermano, profesor del colegio, pude ingresar en él yo también, al acabar mi carrera de Bellas Artes en Valencia, como profesor de plástica. Y allí permanecí durante siete años, hasta que por motivos familiares tuve que dejar Alcoy y trasladarme al pueblo de Callosa de Ensarriá (Alicante), donde vivo actualmente.

Creo que también tuviste una relación en el plano puramente artístico con esa obra salesiana de San Vicente Ferrer de Alcoy.

DPC. En efecto, siendo profesor del colegio, y gracias a la propuesta de su director, don Pasqual Lluch, tuve la oportunidad de pintar un lienzo de más de 60 metros cuadrados para la capilla de san Francisco de Asís del santuario de María Auxiliadora, que empecé en 1997 y terminé en 1999. Después, empecé el de la capilla de san José, que acabé viviendo ya en Callosa d’En Sarrià (Alicante).

Todo cuadro suele tener su historia. ¿Cuál es la historia, la génesis de “Don Bosco en Valdocco”?

DPC. Su génesis empieza mientras pintaba la capilla de san Francisco de Asís. Por insinuación de don David Churio, entonces inspector salesiano, don Pasqual Lluch, director del colegio, me animó a pintar un retrato de Don Bosco. Acepté la idea, pero yo era todavía muy joven. Al acabar de pintar la capilla de san Francisco (1999), se hilvanaron unos proyectos con otros, debía empezar la de san José y nunca encontraba el huequecito que necesitaba para centrarme en el retrato de Don Bosco, hasta que al final, cuando terminé de pintar un retablo en la iglesia de Guadalest (Alicante) que me llevó más de 8 años, me dije: “Este es el momento”, me lo tomé en serio y, aprovechando el tiempo de confinamiento, acabé por realizarlo.

En el cuadro Don Bosco se asoma a la ventana, como tantos de nosotros hemos hecho durante estos tres meses de confinamiento. ¿Tiene este cuadro alguna relación con esta reclusión que todos hemos sufrido?

DPC. Inicialmente no. Al principio tenía la idea de pintar a Don Bosco entrando en una curtiduría, donde los chavales pintaban las telas en una situación bastante precaria, de la que Don Bosco trataba de rescatarlos. Pensaba en cómo Don Bosco vivía su misión de salvar a los niños y jóvenes… Y en eso nos pilló la pandemia. En esa situación vivida por todos nosotros, me identifiqué con el mismo Don Bosco. Veía a Don Bosco y me veía a mí mismo en el confinamiento detrás de esa ventana, tanto más que el modelo del cuadro soy yo mismo, pues me fotografié a mí mismo en la postura que quería exactamente para Don Bosco, con una sotana que me dejó don Pasqual. Me venía a la mente el “honrados ciudadanos y buenos cristianos” y cuál debía ser mi respuesta como ser humano ante una situación que para muchas personas podía parecer un castigo, una imposición o una limitación, y que para un cristiano se podía convertir en una elección libre que nos podía hacer felices. Le daba vueltas al tema y pensaba en Don Bosco asomado a la ventana, con unos ojos que no estaban encarcelados, ni mucho menos.

En la parte trasera del cuadro hay unos textos, entre ellos una cita de san Pablo (Rom 5,3). ¿Nos puede comentar la relación de este texto bíblico con la propia pintura?

DPC. Cuando acabo un cuadro, tengo la costumbre de poner detrás una cita bíblica. Y en este caso he puesto el texto de Rom 5, 3 (“Más aún, nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia; la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza; y la esperanza no falla; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado”), porque quería hacer un homenaje a lo que he dicho anteriormente sobre la pandemia: que lo que muchas personas ven como un castigo, para un cristiano las penurias, las dificultades pueden ser un camino para alcanzar la felicidad.

Sé que muchos aspirarían a tener este cuadro en su casa, en su colegio, en su comunidad… ¿Por qué esta entrega del cuadro a los salesianos San Juan Bosco de Valencia?

DPC. Ya lo he dicho antes, cuando empecé el primer mural sobre san Francisco de Asís, era un recién licenciado, y encargarme un proyecto de 60 metros cuadrados al óleo para el santuario de María Auxiliadora de Alcoy representó un grandísimo acto de confianza por parte de su director, don Pasqual Lluch. Así que, cuando le dije que iba a pintar el cuadro de Don Bosco, se convirtió prácticamente en un pacto: él había confiado en mí en grado muy elevado y yo no quería defraudarle. Por eso, en cuanto tuve terminado el retrato, pensé en dárselo a Don Pasqual y él ha decidido que se quede en esta comunidad, a la que ahora pertenece. En el bastidor he querido dejar constancia de ello con esta dedicatoria “A PASQUAL LLUCH QUE SEMPRE HA CONFIAT GENEROSAMENT EN MÍ. A L’AMIC”.

El autor del cuadro, David Pastor (izquierda), y el salesiano Pasqual Lluch (derecha).

Es sabido que el cuadro, en su corta vida, ha tenido ya gran acogida entre los amantes de Don Bosco. ¿También ha llegado ese interés hasta usted?

DPC. Sí, sí. He comprobado su buena acogida a través de muchas comunicaciones y de   las redes sociales, en las que el cuadro ha sido bien acogido en miles de entradas y con comentarios muy positivos y laudatorios, no solo en España sino en otros países, como Italia, Perú, Argentina, Eslovaquia…

Una estampa del cuadro fue difundida entre las páginas del Boletín Salesiano español del mes de junio y ha tenido una muy buena acogida entre sus lectores. ¿Crees que también lo tendrá entre los jóvenes de nuestros ambientes? ¿Cuál es mensaje que DB puede trasmitirles desde “su ventana”?

DPC. Por mi experiencia de contacto con los jóvenes, creo que Don Bosco forma parte de su paisaje. El hecho de ver una nueva imagen de Don Bosco puede ser para ellos algo muy fresco y positivo. Los jóvenes son muy dinámicos, lo que para nosotros va a una velocidad para ellos va diez veces más rápido y tiene que cambiar diez veces más rápido. Me gustaría que cuando metan este cuadro nuevo en su “mochila”, les acompañe en su experiencia vital. Por otra parte, en los elementos que acompañan a Don Bosco he incluido algo que hace referencia a la modernidad, como son los colores de las pelotitas, el azul, rojo y verde, que son los colores básicos que usan las pantallas del ordenador. Los colores básicos para el pincel y la pintura son el amarillo, cyan y magenta (además del blanco y negro). Pero las pelotitas del cuadro llevan los colores modernos de las pantallas: verde, azul y rojo.

El cuadro no es un retrato de Don Bosco al uso. Es un retrato que trasmite…, que tiene “alma” y va más allá de un retrato corriente. ¿Qué es lo que hay “detrás” o “dentro” de ese DB, cuál es el alma de ese DB, de su mirada, de sus gestos, de lo que “lleva entre manos”?

DPC. Ojalá tuviera yo el secreto del éxito en la pintura. Alegrándome de que el retrato haya tenido éxito, lo único que puedo decir es que he tratado de conseguir un Don Bosco a través de la investigación, una parte de la persona de Don Bosco a partir de retratos fotográficos y renunciando a toda pintura, porque la pintura ya es una interpretación. He tratado de reflejar solo una parte de Don Bosco, porque querer contarlo todo es como querer abarcar de golpe toda una película. Así que me centré en esa parte de su persona entregada totalmente a los jóvenes, ese Don Bosco que no paraba y cuyo motor de toda su actividad era el amor. No se puede llevar adelante lo que él hacía por dinero ni por pragmatismo ni siquiera por vanagloria. Eso solo se puede hacer por amor. El amor es un motor de fuerza infinita que, cuando lo ves en una persona, te da una sensación de paz contigo y con el mundo. Es lo que quise reflejar de alguna manera.

En el cuadro observamos detalles y objetos cargados de simbolismo.

DPC. Los libros, las herramientas, el adoquín, las pelotitas y las ventanas son los elementos fundamentales. Y las manos. Empecemos por las ventanas: están viejísimas, necesitan una mano de pintura y de reparación; están hechas polvo porque esas ventanas están siempre abiertas. Siempre me ha impresionado que, incluso en tiempo de pandemia, un colegio salesiano nunca está cerrado del todo. Y esa situación quería expresarla con esas ventanas abiertas.

Luego están los libros, las pelotitas y las herramientas. Relacionados con la pandemia nos hablan de una vida plena representada en esos tres elementos símbolos de la actividad física e intelectual que, aun estando en confinamiento, pueden otorgarnos una vida plena. Pero sobre todo están relacionados con el proyecto salesiano que trata de educar a los jóvenes haciéndolos útiles a la sociedad a través de la cultura, la preparación técnico-profesional y el ambiente alegre y sano (amor de Don Bosco por el teatro, la música, la farándula…).

Y también están las manos:  una está en sombra, la otra a la luz. Quieren decir que Don Bosco no trabajaba con una actitud farisaica, por vanagloria, sino por amor. Ese detalle hace referencia a eso de “que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”. Don Bosco trabajaba para la luz, donde está la mano derecha, mientras su mano izquierda trabajaba en la sombra. Ese detalle técnico ayuda, además, a dar al cuadro una tercera dimensión.

¿Qué sientes al desprenderte de esta bella criatura, aunque sabes que queda en buenas manos?

Eso es lo que me salva, el saber en qué manos queda. Mi mujer, Carmen, sabe que cuando estoy mucho tiempo trabajando con una obra, al llegar el momento de desprenderme de ella, lo siento como si se fuera algo de mí. Cuando vuelva a casa y vea el caballete vacío es cuando me va a venir el “suspiro”. Pero yo trato de no olvidar para qué pinto, y el hecho de que el cuadro esté en un sitio donde sé que va cumplir su función, que va a ser apreciado con la intención que yo puesto en él…, eso me hace sentirme muy bien.

Sabes que, como muestra del interés que ha suscitado tu cuadro, ha llegado ya la invitación desde Turín para que forme parte de una exposición que se está preparando en Valdocco con ocasión de la inauguración del Museo sobre Don Bosco.

Me hace mucha ilusión que el cuadro viaje a Valdocco. Le dará un plus de realismo y veracidad a su título el saber que el cuadro “Don Bosco en Valdocco” ha estado unos días por aquel santo lugar.

Gracias, David, por este precioso regalo que nos haces. No sabes lo contentos que estamos en esta casa salesiana, porque, como has dicho a lo largo de esta entrevista, el cuadro evidencia y trasmite una serie de valores que nos van a ayudar a realizar nuestra misión educativa con más exigencia y mayor calidad. Y gracias también a Pasqual Lluch, que ha sido el intermediario y el canal a través del cual ha sido posible que este precioso cuadro se hiciera realidad en tus pinceles y llegara desde tu casa a esta su nueva casa salesiana San Juan Bosco de Valencia.

Fernando Ría García, SDB

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FICHA TÉCNICA

David Pastor Corbí nace en Alcoy (Alicante) en 1971. Desde los 15 años se dedica al diseño, el cómic y la ilustración, colaborando con sus dibujos en ediciones de toda la Comunidad Valenciana. En 1995 obtiene la licenciatura de Bellas Artes por la facultad de San Carlos de Valencia en especialidad de dibujo.

En 1996 comienza a dar clases de Plástica en el colegio salesiano San Vicente Ferrer de Alcoy. A partir de este momento compagina la docencia y la pintura. En 1997 empieza el mural de san Francisco de Asís en el santuario de María Auxiliadora, que será concluido en 1999. Son tres años de duro trabajo debido a lo complicado de la superficie curva y a sus dimensiones, ya que ocupa 60 metros cuadrados. Inmediatamente comienza el siguiente mural en el mismo sitio y con las mismas características. El altar de San José y su homenaje a la industria alcoyana se inaugura en noviembre de 2003.

A partir de entonces, trabaja por toda de la comunidad valenciana, y desde 2004 se puede ver en las paredes de la capilla de San Antonio de Padua de El Campello (Alicante) un par de cuadros de gran formato sobre la vida del santo.

En diciembre de 2005 termina un retablo de grandes dimensiones (3 x 5 metros) para el baptisterio de la iglesia mayor de Las Alquerías del Niño Perdido en Castellón.

En Julio de 2008 presenta una pintura con una cena de Emaús de 1’65 x 1’10 m que decora el sagrario de la iglesia mayor del Castell de Guadalest (Alicante).

Actualmente es profesor de Secundaria y Bachillerato en el colegio Almedia de Callosa d’En Sarrià (Alicante), donde da clases de Educación Plástica y Visual, Dibujo Técnico e Historia del Arte.

En junio de 2020 presenta en el colegio salesiano San Juan Bosco de Valencia el retrato “Don Bosco en Valdocco”. Se trata de un cuadro de 100 x 81 cm, pintado al óleo sobre un lienzo de lino con fibras de algodón y en el que utilizó óleos de la serie 3 de resistencia a la luz, previa imprimación química. En la primera semana de junio se le aplicó barniz protector mate con spray para protegerlo del polvo. Concluyó el cuadro en los meses de confinamiento en España por el Covid-19, como una ventana abierta a la esperanza y al recuerdo.

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