El adiós final a Fernando Hernández Sánchez, misionero salesiano asesinado en Bobo Diulasso (Burkina Fasso)

El 23 de mayo, a las 8 y media de la mañana, comenzaba el oficio de difuntos (laudes), abriendo la celebración del funeral en recuerdo de Fernando Hernández, fallecido el viernes, 17 de mayo, en una acción criminal aun en fase de investigación.

Desde las 7 y media de la mañana en que quedó abierta la capilla ardiente instalada en la capilla de la comunidad salesiana del Centro Don Bosco, entre muestras y reacciones significativas de tristeza y cariño hacia la persona y el modo de hacer de Fernando, ha sido constante el desfile de personas que quisieron mostrar así su condolencia.

Como suele ser una manifestación de este tipo en las comunidades cristianas de África, la ceremonia religiosa, iba a durar al menos tres horas con la presencia de mil personas que ocupaban totalmente el pabellón cubierto de la escuela y 4 barracones preparados desde el día anterior por miembros del ejército, ayudados por los prenovicios de la casa de formación. Tiempo largo en un clima de hondo pesar, de profundidad y reflexión y de apertura religiosa a la esperanza compartida por todos, con independencia de colores, confesiones religiosas o clase social.

“Hasta mi último aliento…”
En la pared central del enorme salón polivalente de la escuela, la fotografía de Fernando estaba bordeada por la promesa de Don Bosco, cuando recién salido de su grave enfermedad, afirmaba: “he prometido a Dios que hasta mi último aliento será para mis queridos jóvenes!”.

El oficio de difuntos rezado y cantado con sentido de oración confiada al Padre Dios dejó paso a la celebración de la Eucaristía, presidida, en nombre del Rector Mayor de la Congregación salesiana, por el salesiano sacerdote, Américo Chaqusse, consejero general de la Congregación Salesiana para el continente africano.

Acompañado por no menos de 60 sacerdotes concelebrantes, la eucaristía se iba a convertir en una experiencia impresionante de una Iglesia local volcada y comprometida en el servicio al pueblo de Burkina.

Autoridades, comunidades religiosas, Familia Salesiana y alumnos
La presencia inestimable del Obispo emérito de la diócesis, el Secretario de la nunciatura apostólica en el país, Comunidades religiosas, organizaciones diocesanas, hermanos y colaboradores laicos de otras presencia salesianas en distintos países, grupos y asociaciones de la Familia salesiana y de otras entidades religiosa junto con representantes del cuerpo diplomático español, del gobierno y de las autoridades civiles de la ciudad acompañaban a la Comunidad salesiana y a Marcelino Hernández, hermano de Fernando llegado desde España como representante de la familia.

Un grupo grande, situado la zona del patio de la escuela lo formaban sus muchachos de la escuela profesional y de otros miembros jóvenes de las Comunidades cristianas que en su actitud externa demostraban entender su experiencia de aprendizaje y convivencia con Fernando como un regalo más ofrecido hasta el final más generoso.

Una celebración de este tipo da también profundidad y sentido a un conjunto de signos como la entrada, en cierto modo, triunfal del cadáver llevado a hombros por el grupo de prenovicios entre los ecos de una banda de trompetas y tambores, la imposición sobre el ataúd de los signos de la misión salesiana y sacerdotal realizada por Fernando o la procesión por la calle del barrio hasta el túmulo preparado en el jardín de la casa salesiana acompañada también por la banda de música que repetía, machaconamente, los sones del “no es más que un hasta luego” de despedida del movimiento scout.

Un mensaje de esperanza
En la Eucaristía las lecturas de Jeremías y de San Juan dejaron puerta abierta a un homilía sentida en la que el padre Américo dejó mensajes positivos de esperanza y de sentido a sabiendas de que el buen Padre Dios nunca deja de manifestarnos su amor, aun en los momentos de dificultad y de tragedia.
Como es natural, no podía faltar la respuesta al sinsentido de la muerte de Fernando, sin poner de relieve su testimonio de fidelidad y de coherencia hasta el final, hasta el “último aliento” que decía Don Bosco, siempre en la esperanza de que, quien nos ha precedido en el camino, sigue siendo la garantía de resurrección para todos.

El reparto de la comunión, por no menos de 20 de los concelebrantes, dio paso a un tiempo de silencio y de escucha acorde con las costumbres africanas en los momentos finales de la despedida.

Valoración de su entrega y perdón
Intervenciones sucesivas de Juan Carlos Ingunza, exdirector del centro Don Bosco de Bobó Diulasso y acompañante de Marcelino el hermano de Fernando, del Vicario General de la diócesis en representación de su Obispo, ausente estos días en otras ocupaciones de su misión, de la presidenta de todos los religiosos y religiosas de Burkina Fasso, del Secretario de la Nunciatura Apostólica en Malí y Burkina Fasso y del Inspector salesiano fueron una glosa final de la figura de Fernando.

El reconocimiento y la valoración de su entrega final hasta el martirio, el recurso y agradecimiento a la presencia de la familia en la celebración, el gesto de Fernando al expresar su deseo de permanecer jubilado o ya fallecido entre las gentes de África a quienes había entregado su vida y ¡cómo no!, el compromiso de continuar la lucha contra la violencia, que algunos quieren instaurar en el país, fueron elementos nucleares en esos momentos de despedida.

Tampoco faltaron la petición de perdón, eco de una conciencia colectiva frente a la violencia y la muerte de quien ha querido entregar su vida por la vida del pueblo de Burkina. Ni el recuerdo emotivo de la oración de San Francisco de Asís como llamada a construir la paz, ni la llamada al abandono de cualquier atisbo de violencia, de venganza o de incomprensión entre los distintos y diversos grupos humanos.

Los signos finales de despedida del cadáver se unieron a un procesión hasta la tumba excavada en el jardín de la Casa Salesiana Don Bosco, donde las oraciones del ritual y un aplauso final de despedida cerraron una jornada llena de significados y de esperanza compartidas.

Despedida en su pueblo de adopción
Ya de regreso en España, su familia y la comunidad de Salesianos Urnieta quieren ofrecer una despedida a Fernando Hernández Sánchez en el pueblo donde creció, Urnieta en Gipuzkoa.

La celebración tendrá lugar el próximo jueves, 6 de junio, a las 19:00 h. en la iglesia parroquial de la localidad como respuesta, también, al apoyo de los vecinos y del propio ayuntamiento que condenaron los hechos y convocaron una concentración como protesta a este acto violento contra el salesiano misionero en Burkina Fasso.

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