EL AVEMARÍA

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo,
bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Con el Avemaría saludamos a María, la bendecimos, le damos gracias, y de confiamos nuestras penas y necesidades.

El Avemaría es una tradicional oración dedicada a María, la madre de Jesús de Nazaret, se usa sola, o bien combinada con otras invocaciones tanto en el Ángelus como en el Rosario.

El Avemaría está compuesta por dos partes. En la primera, se citan dos pasajes bíblicos del Evangelio según San Lucas: la Anunciación del nacimiento de Jesús por el ángel Gabriel a María: “Dios te salve, llena eres de gracia, el Señor está contigo”. El otro pasaje bíblico es el de  la Visitación de María a su parienta Isabel, con el saludo que el Espíritu Santo inspira a Isabel, cuando María llega a su casa, que dice “bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre”.

La expresión llena de gracia, en la Biblia, se refiere a la presencia de Dios en una persona. El rey David está lleno de gracia para poder servir y gobernar al pueblo en nombre de Dios. Para el apóstol Pablo, los cristianos estamos llenos de gracia para comportarnos como Jesús espera de nosotros, y para poder dar testimonio de él ante los demás. Así María está llena de la gracia de Dios para poder concebir y dar a luz a Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios; y para poder criarlo y educarlo, hasta su mayoría de edad.

Más adelante se añadió la palabra María al principio para indicar a quien se dirigía el saludo llena de gracia, y la palabra Jesús al final para especificar el significado de la frase “el fruto de tu vientre”.

La segunda parte es posterior, es una petición tradicional en la que pedimos la intercesión de María como madre de Dios: “Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.

La expresión Madre de Dios, es muy antigua, procede de los antiguos Concilios cristianos, que, a su vez, se fundamentaron en las palabras de Isabel en el evangelio de Lucas: “¿De dónde esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?”. Entendiendo que Señor y Dios, son lo mismo.

Es una oración que sabemos de memoria y que podemos rezar en cualquier circunstancia, para poner nuestra vida, en manos de María. Es una oración de confianza en cualquier necesidad. María, la llena de gracia, vela por nosotros como veló por su Hijo, y a ella nos confiamos en nuestras necesidades.

Jordi Latorre, sdb

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