El Camino de Santiago, una experiencia cuaresmal hacia la Pascua

Entre los miles de peregrinos que cada año llegan a la Catedral de Santiago de Compostela, cada vez es más habitual ver grupos de colegiales acompañados de sus profesores. Varios centros salesianos proponen esta experiencia a sus alumnos a lo largo del año, algunos en los días previos a la Semana Santa. Es el caso de los centros San Miguel Arcángel-Salesianos Paseo de Extremadura (Madrid), Salesianos Loyola-Aranjuez, Salesianos Atocha, Salesianos Hermano Gárate-Ciudad Real y Salesianos La Orotava (Santa Cruz de Tenerife).

Estas fechas “se eligen porque son académicamente más favorables”, explica Susana de Torres, profesora del colegio San Miguel Arcángel-Salesianos Paseo de Extremadura. En el caso de Salesianos Loyola-Aranjuez, la peregrinación solía organizarse en junio, pero este año se ha adelantado para “aprovechar durante lo que queda de curso el buen ambiente que se crea”, comenta Celia Antolín, profesora del centro. Cerca de 60 alumnos de 1.º de Bachillerato (16-17 años) del centro ribereño han realizado el Camino junto a seis profesores del 4 al 10 de abril. La coyuntura cuaresmal también favorece: “Es un momento genial para prepararse para la Pascua; de hecho, muchas veces hemos hecho coincidir nuestra llegada a Santiago con el Domingo de Ramos, reflexionando después la analogía de las entradas triunfales en ambos casos”, asegura Enrique Ruiz, profesor de Salesianos Hermano Gárate. El colegio de Ciudad Real ha organizado dos peregrinaciones este curso: un grupo de 4.º de ESO formado por 54 alumnos, cinco profesores y otras cinco personas de intendencia y cocina; y otro grupo de Formación Profesional, con 11 jóvenes de entre 18 y 26 años, acompañados por tres profesores.

Salesianos Paseo ha organizado el Camino de Santiago para más de 40 alumnos de 3.º de la ESO (14-15 años), acompañados por siete docentes, del 3 al 9 de abril. La idea surgió hace ocho años para “cuidar pastoralmente a los cursos intermedios” de Secundaria, aclara Susana. Desde los centros salesianos transmiten desde el principio a los alumnos cuál es la motivación de esta actividad: “Se deja claro que es una peregrinación, no un viaje cultural o deportivo”, asegura Celia. “Se trabaja con los alumnos para que sea una experiencia espiritual para ellos”, comenta José Carlos Izquierdo, docente de Salesianos La Orotava. El centro tinerfeño ha propuesto la experiencia del Camino para cerca de 40 alumnos de 3.º de la ESO, junto a tres profesores, uno de ellos salesiano, una animadora del centro juvenil y un salesiano de la comunidad.

Ya en camino, la fe aparece como hilo conductor, con propuestas que ya se hacen en el día a día en los centros, pero que cobran un especial protagonismo en la peregrinación. “Mantenemos la dinámica de buenos días y buenas noches, dos eucaristías y reuniones en grupos de reflexión”, añade Álvaro Pérez, profesor de Salesianos Atocha. El colegio madrileño ha organizado la peregrinación más numerosa. 175 alumnos de 4.º de la ESO, 1.º de Bachillerato y Formación Profesional, junto a 17 profesores, llegaron el pasado sábado a Santiago de Compostela. En algunas ocasiones, también se hace uso de símbolos, como por ejemplo “las personas flecha, que Dios pone en nuestro camino como guía”, explica Susana. Como remarca Celia, “intentamos que el Camino favorezca el encuentro con uno mismo, con los demás y con Dios”.

Esa experiencia de encuentro se potencia cuando aparecen las dificultades. “Les ayudan a conocerse mejor, a descubrir sus límites y, sobre todo, a valorar qué o quién es lo que les da fuerza para seguir adelante”, matiza Celia. Es ahí cuando el otro entra en juego, porque el Camino tiene mucho de compañerismo: ayudar y dejarse ayudar, saber que uno no está solo, sentirse a gusto dentro de un grupo… “Todo se afronta como una gran familia”, resume Kike. “Una canción, un grito de ánimo o una palabra al oído les sirve como bálsamo para pasar esos malos tragos que de vez en cuando aparecen en el Camino”, explica Javier Luengo, profesor de Salesianos Loyola-Aranjuez. En esos momentos, “descubren, aunque no lo digan, que en la debilidad encuentran también la fortaleza”, agrega Susana.

Las largas horas de caminata dan pie a reflexiones profundas. “Las grandes preguntas que se les generan son sobre todo sobre ellos mismos”, afirma Kike. Ahondan en la relación con su familia, con sus amigos y con Dios, mostrando en algunos casos “inquietud por su fe”, como asegura Belén Espárrago, profesora de Salesianos Paseo. Así pues, como asegura su compañera Susana, el Camino se presenta como “un momento privilegiado” para hablar con los alumnos de sus preocupaciones. “Las horas de caminar dan para hablar de muchos de estos temas, y de una forma mucho más natural que si se hace en el cole”, agrega Celia. “Para nosotros es algo muy gratificante, y más cuando ves que se apoyan en ti, escuchan tus consejos, agradecen tus ánimos y tu acompañamiento. Yo pasé mucho tiempo en un centro juvenil como animador y venir aquí me ha hecho volver a aquellos años”, añade su compañero Javier. Y es que, como bien indica Kike, “el profe es un peregrino más”.

Al llegar a Santiago de Compostela, “sin lugar a dudas, la frase más repetida por los alumnos es ‘por fin llegamos'”, sostiene José Carlos. Allí, entre sonrisas y lágrimas a partes iguales, los compañeros de Camino se funden en abrazos para celebrar el logro. “Para mí, bajar a rezar a la tumba del apóstol es conectarme con aquellos que mantuvieron viva la llama durante siglos”, asegura Álvaro. También Kike pone el énfasis en el sentido espiritual de la peregrinación: “Al comenzar a peregrinar pusimos nuestros pasos en manos de Dios; por eso, el Camino nos ha dado lo que necesitábamos, no lo que veníamos buscando”. Y sentencia: “Santiago no es el final, es el principio, el principio de nuestra vida después del Camino”. Un Camino, el de Santiago, que siempre conduce a la Pascua de Resurrección.

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