El orden de los peros, sí altera el resultado

Me llega también por internet, de autoría anónima, una sencilla y directa reflexión sobre la importancia de los peros, del uso que al expresarnos podemos hacer de los peros, dependiendo del orden de la afirmación.

Imagina seis cualidades que puede tener cualquier persona. Por ejemplo: desordenada, antipática, testaruda, responsable, sincera y muy buena persona. Si nos disponemos a hacer una descripción de ella, el orden de los peros puede cambiar la percepción que generemos en el oyente. Si a ello unimos una modulación de la voz en nuestro discurso, pudiera parecer hasta que hablamos de dos personas diferentes.

Ejemplos prácticos de los peros

Primer ejemplo “A”: «¡Qué decirte de la novia de mi hijo! No te voy a negar que es una mujer (enumeramos rápidamente) responsable, sincera y buena persona; pero he de decirte que también es (enumeramos más pausadamente y con énfasis, incluso silabeando) testaruda, desordenada y an-ti-pá-ti-ca».

Primer ejemplo “B”: «¡Qué decirte de la novia de mi hijo! No te voy a negar que es una mujer (enumeramos rápidamente) testaruda, desordenada y antipática; pero he de decirte que también es (enumeramos más pausadamente y con énfasis, incluso silabeando…) responsable, sincera y bue-na-per-so-na».

¿Qué opinas? ¿Quién preferirías que fuese la novia de tu hijo?

Segundo ejemplo “A”: Este chaval ha cometido una grave falta de respeto, pero ha recapacitado y ha pedido sinceras disculpas.

Segundo ejemplo “B”: Este chaval ha recapacitado y ha pedido sinceras disculpas, pero ha cometido una grave falta de respeto.

Ambas frases recogen los dos hechos, el error y el perdón. Ahora bien, ¿qué frase te suena mejor? ¿Cuál condena? ¿Cuál perdona?

La utilización, o no, de determinadas palabras o signos ortográficos en el lenguaje puede condicionar el significado final de la frase y, por ende, la interpretación positiva o negativa de los demás.

Pueden ser muy variados los factores que condicionan nuestro uso de “los peros”. A tener en cuenta: el dolor que sentimos en una determinada situación, la reiteración del hecho, el identificarnos con esas cualidades de la novia del ejemplo 1 o con esos errores cometidos por el chaval del ejemplo 2. Allí donde me vea reflejado, llevaré “mis peros”. En otras muchas ocasiones, es el amor que sentimos hacia la otra persona el que condiciona el orden en el que los usamos. Bueno, el amor, o la falta de él, claro.

Todos tenemos “peros”. ¡Cuidado con el orden en el que los usamos, y la intensidad con la que los mencionamos! Ser consciente de este detalle es ya un importante paso.

Fuente: Boletín Salesiano

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