«El Sínodo es una voz profética que dice: el mundo necesita nuestra atención y mayor compromiso»

El Sínodo de la Amazonia dio comienzo ayer en El Vaticano con una misa presidida por el Papa Francisco, en la que condenó las colonizaciones, pero recordó que hay que «sufrir y vivir por el Evangelio». La asamblea de los obispos abordará, hasta el domingo 27, el cuidado del planeta y la evangelización de los pueblos indígenas.

El salesiano Justino Sarmento Rezende conoce de primera mano la situación de la Amazonia. Se trata del primer sacerdote indígena brasileño. Experto en «espiritualidad pastoral indígena e inculturada», es miembro del Secretariado Especial del Sínodo para la Amazonía y ha colaborado desde hace más de dos años en su preparación.

Pregunta: ¿Quién es el indígena salesiano Padre Justino?
Respuesta: Nací en un pueblo llamado Onça Igarapé, ubicado en el distrito de Pari Cachoeira (Alto Río Negro), Amazonas, Brasil. Fui alumno del internado de Pari Cachoeira de 1970 a 1979 e inicié mi vocación a la vida salesiana en el Centro Vocacional Salesiano de Manaus. Finalizando mi formación inicial, fui ordenado sacerdote el 2 de junio de 1994, en la misión salesiana de Pari Cachoeira.

P.: ¿Cuáles fueron los lugares de tu trabajo pastoral?
R.: Durante un tiempo ya estaba trabajando en la Misión Salesiana de Iauaretê, en la región del Alto Río Negro, donde comencé a vivir mi vida sacerdotal con los pueblos indígenas de Tucano, Tariano, Tuiuca, Piratapuia, Dessano, Uianano, Cubeu, Rupita – todos estos pueblos. Con estos pueblos empecé a soñar y a poner en práctica mis deseos de hacer diferente la celebración de las Misas, de crear cantos en lengua tucana, de crear textos bíblicos para la Eucaristía. Nosotros, como pueblos indígenas, comenzamos a introducir nuestros símbolos, instrumentos musicales y ritmos. Fue un momento muy importante en mi vida sacerdotal.

P.: ¿Trabajaste también con los indios Ianomami?
R.: Después de trabajar en Yauaretê, fui enviado a la Misión Salesiana de Marauiá, con el pueblo Ianomami, donde ayudaba en la educación, la catequesis y la iniciación de los sacramentos.

P.: ¿Cómo empezaste a participar en el Sínodo?
R.: En febrero de 2018, llegó la invitación para ser parte del grupo de los expertos y comenzar a escribir los primeros textos para el proceso de preparación del Sínodo para la Amazonia. La práctica misionera y las dificultades que viví, la búsqueda de soluciones y los desafíos, animaron en los organizadores la posibilidad de que participara como colaborador del Sínodo.

P.: ¿Qué espera la gente de la Amazonía de este Sínodo?
R.: El Sínodo despierta para el pueblo amazónico expectativas, nuevos sueños y esperanzas, nuevos compromisos, nueva atención a las cuestiones planteadas durante las sesiones de escucha. El Sínodo es una voz profética que dice: el mundo necesita nuestra atención y mayor compromiso. En efecto, necesitamos revisar algunas actitudes si se encuentran acordes al Plan de Dios. Este Sínodo viene a llamar la atención de todo el mundo, de los Estados, de los continentes… Tengo muchas esperanzas y esperamos con los pueblos amazónicos para entender la Iglesia.

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