El volcán y la laguna

Dos son las catástrofes naturales que ocupan los titulares estos últimos días. La primera es resultado de las fuerzas telúricas, y de ello nadie tiene la culpa, aunque hay quien se empeña en buscar culpables.

De la segunda, no se puede decir otro tanto, pues es responsabilidad exclusivamente humana. Me refiero al desastre programado del Mar Menor. Porque ha sido premeditado, calculado, y diseñado con contumacia, a pesar de las advertencias que desde hace más de cuarenta años se vienen lanzando desde grupos concienciados, ante la indiferencia glacial de la mayoría de la sociedad murciana, dicho sea de paso.

Sin entrar en detalles, me permito compartir algunas reflexiones al calor de las tibias aguas hipóxicas de nuestra agonizante laguna.

El papa Francisco ha destacado la importancia del medio ambiente como campo de reflexión ética en el mundo católico. Hacía falta. La ética social después de la revolución industrial empezó en la Iglesia con casi un siglo de retraso, con la “Rerum Novarum”, con gran escándalo de aquellos católicos biempensantes que estimaron que esos no eran temas espirituales dignos de ser tratados por un Santo Padre. Llegó muy tarde, no solo la encíclica, sino la praxis y la mentalidad eclesial, lo que causó la pérdida de las masas obreras, que se sintieron abandonadas de la institución eclesial, a pesar de algunas escasas y honrosas excepciones, y del asistencialismo generalizado que las instituciones de Iglesia practicaban, algunas con destacable heroísmo. Es decir, que se intentaron paliar los efectos devastadores del sistema económico en las personas más vulnerables, más que cuestionar las causas de tanto desastre.

El Papa nos invita a despertar esta conciencia social y ambiental. Hay que reconocer que en esto también se nos han adelantado grupos que han hecho bandera de la defensa de la naturaleza hace décadas. Y si hablamos de soluciones a este tipo de problemas, el nivel individual, con ser imprescindible, es insuficiente. Porque, como Francisco dice en sus encíclicas, especialmente en la “Laudato Sí”, urge afrontar los problemas colectivamente, pues las causas son muy complejas, y a menudo es necesario adentrarse en la maraña de las soluciones políticas, lo que supone legislar y aplicar las leyes en beneficio de todos. Esto es especialmente evidente cuando las administraciones se hacen cómplices del estropicio medioambiental, aliándose con quienes arruinan el espacio natural, sacrificado a sus particulares intereses.

En este campo habríamos de ser más decididos, e implicar a nuestras comunidades educativas, venciendo el tradicional miedo a señalarse públicamente, obviando la denuncia profética, cuando se trata de defender a los últimos, y al entorno natural, que es un patrimonio que corresponde a todos los ciudadanos y nadie tiene el derecho de usurparlo en beneficio propio.

Nuestros centros educativos salesianos son un semillero de ideas. Y las ideas son apuestas de futuro. Nuestros Capítulos generales, especialmente el XX de 1970, hablan claramente del deber de concienciar a nuestros destinatarios de la complejidad de los problemas sociales, e implicarse en ellos. (CG XX, 68).

Una de las expresiones que más aparece en nuestra reflexión pedagógica es la “evangelización del currículo”. No se trata tanto de llenar de referencias explícitas todo el contenido académico, sino de darle una orientación desde la perspectiva de los últimos. La reflexión sobre la historia, la geografía, el medio ambiente, la filosofía… puede ser herramienta que nos permita despertar la sensibilidad hacia el medio ambiente y los derechos humanos; orientar acciones colectivas que ayuden a todos a avanzar en ese ámbito. Y programar acciones, imaginar formas de visibilizar el sentimiento común.
Es obvio que pueden surgir recelos. Hay quien puede pensar que concretamos demasiado el compromiso social y medio ambiental. Sin ir más lejos, hace poco se ha reprochado al Papa Francisco su opinión sobre cuestiones históricas, y se le ha enviado a la sacristía.

En estos tiempos se detecta una progresiva polarización, y es muy fácil ser señalado por unos u otros, según la sensibilidad. Es posible que haya colectivos que se escandalicen cuando acogemos a inmigrantes o sensibilicemos ante los desastres ecológicos. Otros se extrañarán de nuestra toma de posición pro vida, y de nuestra reserva ante la imposición de la ideología de género, por no citar más que algunos ejemplos. Pero con eso hay que contar. Lo que no podemos pretender es caer bien a todos. Donde sí hemos de estar es del lado de los últimos. Y ver la vida con la mirada de éstos. Desde el lado del sufrimiento, se ven las cosas con otra perspectiva.

2 opiniones en “El volcán y la laguna”

  1. A lo que has expuesto solo quiero añadir que tenemos que ser creativos y a través de la experiencia. Nuestras obras deben ser lugares donde se viva concretamente el consumo sostenible, el aprovechamiento de los recursos, la transparencia y corresponsabilidad económica, reducir los grandes almacenes de cosas que no usamos y guardamos por si acaso hasta que nos quejamos de que no tenemos espacio, uso inteligente de las nuevas tecnologías y reducción del uso del papel y consúmeles que generan basura innecesaria, etc.
    Pero todo esto, como Jesús nos señala, empieza por la conversión personal, el testimonio de gotas que se unen y se convierten en un gran mar. Sólo así podremos llegar a cambiar las instituciones y lo al revés; porque, aunque cambiemos nombres, imagen, estilos, equipos o normas, aunque la mona se vista de seda mona se queda.
    Lo importante, aunque puede servir, no es sacar certificados de calidad sino vivir la vida con calidad, calidad evangélica.

  2. Totalmente de acuerdo. Podemos hablar de la eficiencia energética, apoyo a la economía circular, estar atentos a la nuevas iniciativas que van surgiendo, que son brotes de un mundo diferente: finanzas éticas, comunicaciones éticas, comercio justo. No se trata de tratarlo en las programaciones, sino de vivirlo en la organización. Apoyar a quienes buscan una economía más humana. No se trata de inventar nada, sino de ser fieles al legado de la doctrina social de la Iglesia, de la que Francisco es continuador. Lo que pasa que ha sido enterrada cuidadosamente, para que no moleste demasiado. La crisis de materias primas que ya se ha empezado a manifestar es una alerta muy firme de que este modelo económico está agotado, y hay que replantearse todo. El planeta no aguanta tanto saqueo, ni puede proporcionar tanta materia prima como se le pide. La próxima crisis nos lo hará sentir con crudeza.
    Gracias por tu intervención.

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