“En la fe nos jugamos la libertad personal y la acción del Espíritu de Jesús que nos solicita”

salesianos.info entrevista al salesiano Álvaro Ginel, recientemente elegido Presidente de la Asociación Española de Catequetas (AECA). Hablamos con él de esto y de la situación de la catequesis.

Álvaro, has sido confirmado por la CEE Presidente de la Asociación Española de Catequetas. Para el que la desconozca, ¿qué es esta Asociación?

AECA (Asociación Española de Catequetas) es una asociación pública de fieles que agrupa a profesores de catequética e interesados en la reflexión catequética con el fin de promover la ayuda mutua, el intercambio y la reflexión catequética en España. En la actualidad somos unos 64 miembros. En la lista de presidentes no podemos silenciar el gran trabajo que hizo nuestro querido Emilio Alberich, salesiano, hasta que la enfermedad le obligó a renunciar.

¿Cómo has vivido este nuevo nombramiento que la vida te presenta? ¿Qué funciones tendrás que desempeñar a partir de ahora en la presidencia de la Asociación?

Pertenezco al grupo fundador. La idea comenzó por el año 1982 y se formalizó en 1985. La elección como Presidente no es un premio. Es una responsabilidad para coordinar a personas dispersas por la geografía que nos vemos una vez al año. Mantenemos un “lazo de unión” en la dispersión a través del “Boletín Informativo”. Me corresponde esta función de animación y coordinación. Gracias a Dios, el Consejo Directivo es extraordinario y nos repartimos las tareas.

Este nombramiento llega en 2018, pero tú llevas una carrera dilatada en el ámbito de la catequesis. A través de la revista Catequistas (bajo el nombre de “Proyecto Catequistas” surgió en 1985) has trabajado para y por los catequistas y la transmisión de la fe. ¿Supone para ti este reconocimiento a esta trayectoria en esta revista salesiana?

Cada uno hace aquello que la Providencia le va poniendo delante de manera sencilla en las cosas de la vida ordinaria. No doy más importancia al hecho. Me alegra que si algo puede significar no sea a título personal, sino de los Salesianos de Don Bosco.

Háblanos de la revista “Catequistas”. ¿Cómo se encuentra? ¿Cuál es la acogida que tiene? ¿Cómo la ves para el futuro?

La revista CATEQUISTAS, como bien dices, surge en enero de 1985 con la cabecera de “Proyecto CATEQUISTA” (nombre por el que aún hoy algunos la reconocen), aunque se fue “cociendo” entre 1983-1984 con el impulso del entonces Director de Editorial CCS, don Aureliano Laguna. Goza, creo, de la misma salud que la catequesis en nuestras Iglesias. Su finalidad es “alentar, apoyar, sostener la formación de base” de los catequistas. Casi todos los colectivos tienen una revista. El colectivo de los catequistas tiene su revista CATEQUISTAS. Sencillamente creo que falta conciencia de formación y de lecturas formativas. Nos conformamos con “salir del apuro” del momento más que con unos catequistas bien formados. No es revista “para los párrocos”, sino para los catequistas. Un párroco me comentaba: “¿Cómo voy a potenciar que los catequistas se suscriban a la revista? ¡Entonces sabrían tanto como yo! Cuando llega, la meto debajo del brazo y me inspiro en ella para darles las charlas”. Creo que el ejemplo habla por sí solo.

Como servicio que se ofrece a través de ella para la evangelización (también de los jóvenes), ¿el mensaje de Jesucristo sigue llegando a pesar de los baches que el camino presenta?

CATEQUISTAS, siempre desde su sitio que es “la base, lo más sencillo”, en sus secciones, animadas siempre por el mismo autor durante el curso para que haya unidad, conjuga la reflexión sobre el ser, el saber y el saber hacer de los catequistas. Todo tiene intencionalidad: formar catequistas que sean capaces de elaborar su sesión de catequesis. Ningún material de catequesis está hecho para el grupo que el catequista lleva. Siempre tiene que adaptar y recrear para su grupo. Esta tarea exige que ponga en marcha su propia vivencia de fe, sus conocimientos, su aptitud para animar el grupo. El grupo de catequesis no tiene nada que ver con un grupo de estudio o un grupo escolar. Hay algo que se escapa de las manos porque en la fe nos jugamos la libertad personal y la acción del Espíritu de Jesús que nos solicita. No hacemos nosotros a nadie creyente. Le ponemos en camino, como mucho. Dar la fe es cosa exclusiva de Dios. La definición de fe dice: “La fe es un don de Dios”. No damos nosotros la fe por mucho que digamos y hagamos. Ni hacemos creyentes por hacer bien la catequesis. Y sin embargo, ¡tenemos que hacerlo lo mejor posible!”, sabiendo siempre que el Espíritu tiene su fuerza capaz de atravesar las paredes, de romper los cerrojos, de mover los corazones. Creo que una buena definición de catequista es esta: “un trabajador en la viña del Señor”.

¿Qué incidencia tiene la revista “Catequistas” en los jóvenes que realizan estas funciones en sus parroquias? ¿Qué les dirías?

No llega a manos de muchos jóvenes. Los catequistas, en su mayoría, son de mediana edad (entre los 35-60 años). Ser catequista no es “un deporte”. Es una vocación. Ser catequista no es un voluntariado al que me apunto por un año. Es una respuesta al Señor(=vocación) que llama desde la condición de bautizado. Esto tiene que estar claro. Y cuando es vocación, ser catequista dura en el tiempo. Una de las dificultades de contar con “buenos catequistas” es no tener claro que ser catequista es vocación (llamada del Señor) y respuesta (acogida de la llamada). Cuando solo se va a catequesis “para probar”, “porque me gusta trabajar con niños o jóvenes o adultos…”, ante las dificultades, se tira la toalla. La experiencia de durar en el tiempo como catequista es un valor. Resulta que para los trabajos civiles “cuenta mucho” la experiencia, y muchos catequistas abandonan cuando comienzan a tener experiencia…

¿Cómo va la catequesis en la actualidad?

Es una pregunta inmensa. Creo que dentro de poco tendremos una catequesis muy distinta a como ahora la organizamos en la mayoría de las comunidades. Entrevemos algo, como en la niebla, pero se tiene que imponer la realidad para salir del “es que siempre se ha hecho así”, “no sabemos hacer otra cosa”. Creo que aún no hemos salido del modelo escolar de la catequesis y nos queda mucho para adentrarnos más y más en el modelo de iniciación cristiana. Ahora “usamos” esta terminología de iniciación cristiana, pero sin entrar de lleno en lo que significa. En breve saldrá un nuevo Directorio para la Catequesis (el vigente es de 1997). El primero en toda la historia de la Iglesia salió en 1971. Y en este 2018 (a lo más tarde en el 2019) saldrá el tercero. Esto indica la rapidez con la que la Iglesia está sintiendo la necesidad de reflexionar sobre la catequesis. Es algo muy vivo que afecta a la misión recibida de Jesús: “Id y anunciad” (Mt 28,18). En septiembre de 2018, del 20 al 23, hay un Congreso Internacional en Roma. El título: El catequista, testigo del Misterio. “Testigo del Misterio” nos remonta al lenguaje de la primera comunidad: “seréis mis testigos”; “Dios lo ha resucitado y nosotros somos testigos” (Hch 2,32). En la actualidad, la palabra “testigo” es más necesaria que la palabra “maestro”. La reflexión catequética, en un mundo que cambia tanto y los cambios influyen en las personas que los provocan, es un “foco caliente” de profundización pastoral constante. Iremos cambiando la catequesis en la medida en que tomemos nueva conciencia de lo que es la comunidad cristiana “acampada” en medio de la sociedad. El Dios acampado entre nosotros, Palabra del Padre, sigue presente y operante: “Vino a los suyos y los suyos no la recibieron, pero a cuantos la reciben y creen en ella, les concede llegar a ser hijos de Dios” (Jn 1,12).

Por último, en esta sociedad, donde las nuevas generaciones caen cada vez más en el ateísmo y laicismo, ¿cómo podemos fomentar que los jóvenes reciban una catequesis que les ayude a entrar en la fe sin caer en el intento?

No me atrevo a decir que hay más ateísmo que antes… ¡No sé cuánto ateísmo encontraron los primeros evangelizadores en medio del imperio romano, por ejemplo! A pesar de todo, aquí estamos un grupo de seguidores de Jesús después de siglos. El mayor problema de la catequesis no está en lo que nos rodea, sino en los anunciadores: qué anunciamos y cómo, si de verdad es Buena Nueva que nos ha cambiado la vida e ilusionado y puede seguir ilusionando y cambiando a otros o si son “viejas historias” que no aportan novedad al modo actual de vivir. Si Jesús no nos cambia y transforma por dentro, el Jesús que anunciamos no tiene gran interés para la gente. La expresión popular: “¡A ver si catequizas a la gente!” tiene el sentido de “a ver si enseñas, a ver si el otro aprende”. ¡Hasta ese punto “catequizar” significa “enseñar”! ¿Dónde hemos dejado la Iniciación Cristiana? La formación de catequistas tiene que acentuar la dimensión de testigos. Al testigo “no lo hacemos nosotros con nuestras manos y programas”. El testigo es “obra del Espíritu”. ¡No nos salvarán nuestras escuelas de catequistas, ni nuestros “carro y caballos”, en lenguaje del salmista (Sal 20, 7)! Solo nos salvará el Espíritu y los creyentes, hombres y mujeres que se abran sin temor a su acción. Ya lo dijo san Pablo VI: “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan; o si escuchan a los que enseñan es porque dan testimonio” (EN 41).

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