¿En mi casa o en la mía?

Tengo un amigo que siempre suele contar el mismo chiste: “Fíjate qué mala es la política que se lo pones a una madre y se convierte en suegra”. Me ha venido a la cabeza porque me contaba el otro día una compañera de trabajo que no creía que tuvieran problemas para celebrar las navidades este año. No iban a superar el número. Su hija y su marido no iban nunca juntos. Cada uno celebraba la nochebuena por separado, con su familia en “su” casa.

Lo he oído más veces. Es algo frecuente actualmente en parejas y matrimonios. Y a mi modo de ver también triste.

Sí. Ya sabemos que cada casa es un mundo y la dinámica familiar de mi pareja es siempre diferente a la mía. Pero si queremos tanto a una persona, ¿cómo no intentar hacer un hueco en nuestro corazón a lo que más queremos: los nuestros? Porque nuestros padres y hermanos, sean como sean, siempre son “nuestra sangre”.

Si comparto mi vida con una persona, lo comparto todo (en la pobreza y en la riqueza, en la salud y en la enfermedad…). Y todo lo suyo pasa a ser mío y yo me ofrezco en todo lo que soy, ¿en el pack no entra la familia?

¿No podemos “adoptarnos” mutuamente? Abrir nuestro corazón –y nuestra mente– a estas nuevas personas que irrumpen en nuestra vida. Un nuevo padre, una nueva madre, una nueva hija o hijo y ¡hasta algún que otro cuñado! Alguien más con quien contar, con quien disfrutar, a quien cuidar, con quien hablar.

Creo que eso une aún más como pareja. ¡Es una forma tan bonita de demostrarnos el amor que nos tenemos! Quiero a los tuyos porque son tú. Porque tú, eres como eres gracias a ellos. Y, por el otro lado, esta chica o chico lo es todo para ti, también lo será para mí. Nos unirá más como familia.

Sí. Ya lo sé. Tocará ceder, acoplarse y, cómo no, aguantar. Pero, ¿acaso hay algo más hermoso que ver disfrutar a la persona que quieres con “todos” los suyos? O, ¿sentir que somos uno porque “los suyos son los míos”?

Así que maridos, mujeres; novios, novias; suegros, suegras y demás familia, en nuestras manos está. ¡Dupliquemos nuestra familia! Y así siempre podremos celebrar las navidades en “mi” casa.

Fijaos si es bueno el amor que se lo pones a una suegra y la convierte en madre.

Fuente: Boletín Salesiano

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