Enseñar sabiduría: “Psicología, educación y fe”

Siendo estudiante de Psicología, algunos profesores nos inculcaban la no conveniencia de “mezclar psicología y religión”. En mi vida profesional, he comprobado que, no solo deben mezclarse, sino que, para un psicólogo cristiano, resulta imposible desligarlas.

Convencida de que la psicología no debe ser un fin en sí misma, ha servido en mi caso, para ponerme al servicio de los demás apoyándome en la mayor fuente de sabiduría bajo mi punto de vista: el Evangelio.

Desde la psicología cristiana se pretende dotar al joven de las herramientas más preciadas para la vida, las que no fallan, porque todo les fallará.

La huida del sufrimiento lleva a nuestros jóvenes a alejarse de todo lo que no es placentero. Esa huida (y la sobreprotección que padecen) les conducen a ponerse en el centro de todo, ellos son los dioses… y este “niñocentrismo” es el motivo de mucho vacío, mucha infelicidad y desorientación.

Educar en la humildad

Enseñar a vivir no depende de las mates o los idiomas, ni del desarrollo evolutivo ni de las últimas tendencias pedagógicas o los proyectos innovadores. La verdadera sabiduría, “aprender a vivir”, viene de la experiencia –real y personal– del amor y la Palabra de Dios “porque el Señor da la sabiduría, y de su boca provienen el conocimiento y el entendimiento”, Pr 2:6.

Como educadora no hay deseo mayor para mis jóvenes, que alcancen esa sabiduría. Pero solo los humildes querrán hacerlo. Es por eso que, “enseñar a vivir” es educar en el discernimiento y en la “humildad”. “Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio”, 1 Corintios 3:18.

La humildad entre la juventud tiene mala prensa, la confunden con sumisión, con aquiescencia (decir siempre que sí) o con ser impopular. Nada más lejos. La humildad consiste en reconocer sus limitaciones sin dejar de valorar su dignidad personal. Si los chicos y chicas dejan a Dios que sea Dios en sus vidas, entonces creo que habrán aprendido a vivir, con mayúsculas, y que llevaran consigo un seguro de vida para cuando todo se tambalee y ni padres ni educadores estemos cerca: “La virtud que se debe inculcar de una manera particular a los estudiantes, es la humildad; porque un estudiante soberbio es un pobre ignorante”, Don Bosco.

Fuente: Boletín Salesiano

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