¡Eso sí que está en nuestras manos!

Ayer me decía mi marido: ¡Anda! Mira lo que dice en este artículo. Según los estudios de las universidades, está  disminuyendo la desigualdad en el mundo.  Y fue el inicio de una interesante conversación: ¿Esto es bueno? ¿Qué quiere decir que ha disminuido la desigualdad: que hemos mejorado todos o qué hemos empeorado todos? ¿Qué significa en realidad la desigualdad?  Igual mejor hablar de nivel de vida, de pobreza… Y así seguimos un rato.

Y luego yo seguí pensando. ¿Qué margen de maniobra tenemos nosotros – unos mindundis, que diría mi cuñado – para elevar el nivel de vida de la población mundial, europea y ni la de mi comunidad de vecinos?  ¿Qué puedo hacer yo? ¡Buff. Qué os voy a decir!

Y es que, cuando oímos desigualdad, enseguida pensamos en lo económico, pero a mí se me fue la cabeza hacia otras desigualdades. Las diferencias en las relaciones, las capacidades, la actitud vital…

Y entré en modo «examen de conciencia».

Paliar desigualdades. La de la soledad, la de la tristeza, la de la impotencia, la de la desorientación, la del aislamiento.  Acompañar, mirar, alegrar, ayudar,  ofrecer mi amistad… Qué alegría. Eso sí está en nuestras manos. ¿A qué sí?

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