“Estamos todos bien, pero hay hambre y la población está sufriendo mucho”

El pasado viernes, después de muchos intentos en vano, alguien descolgaba el teléfono en Adigrat, en el norte de Etiopía; era el misionero salesiano Alfredo Roca: “Gracias por preocuparos por nosotros. Estamos todos bien, gracias a Dios, pero la situación es muy difícil y peor que se va a poner por el hambre y las condiciones sanitarias”. Las buenas noticias se completaron el domingo, cuando desde la capital pudieron contactar con los salesianos en Shire, de los que tampoco se sabía nada desde el 3 de noviembre.

Más de tres meses después del inicio de los combates, los misioneros salesianos que permanecían aislados confirman que están bien de salud y piden ayuda urgente para la población.

No he sentido peligro de haber podido morir porque los bombardeos no eran cerca de nosotros. Sin embargo, tampoco nos hemos podido mover de la casa en todo este tiempo”, comenta el misionero Alfredo Roca al teléfono. “Era imposible moverse en coche por los robos que había y la gran violencia que ha existido, sobre todo en noviembre y en diciembre”, explica.

Las desavenencias políticas comenzaron en septiembre, cuando el Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF), que gobernó durante casi tres décadas en Etiopía hasta 2018, decidió celebrar en la región del norte del país las elecciones generales aplazadas por la pandemia. El Gobierno central las consideró ilegales y se propuso restablecer el orden constitucional ante lo que consideró un golpe de Estado. El primer ministro etíope declaró la guerra a este territorio el pasado 4 de noviembre en respuesta al ataque a una base del Ejército y el conflicto se internacionalizó por la crisis de desplazados y refugiados que está generando.

Todas las comunicaciones quedaron cortadas, tanto por carretera como por teléfono. Sin internet y sin electricidad, incomunicados, el temor a un desastre humanitario en medio de la ausencia de noticias preocupa a todos los organismos internacionales.

Preocupación por la población

El salesiano Alfredo Roca hace una radiografía muy pesimista de la situación: “Los colegios llevan cerrados desde marzo, no hay trabajo, los bancos también están cerrados y hay hambre y una preocupante situación sanitaria por la guerra”.

Sin un final pacífico cercano, el cruce de acusaciones entre los contendientes pone sobre la mesa cifras atroces: más de 52.000 civiles muertos, matanzas en poblados y más de tres millones de desplazados y decenas de miles de refugiados.

Es muy duro estar sin saber nada de nadie ni poder visitar a los niños y a las familias”, recuerda el padre Roca. “Gracias a dos integrantes de Médicos Sin Fronteras sólo en una ocasión en todo este tiempo pude comunicarme con su teléfono por satélite con la Embajada para que avisaran a mi hermano de que me encontraba bien”.

Combatir el hambre es la prioridad ahora mismo: “Estamos repartiendo lo que podemos, pero es muy poco. Incluso pedí permiso a los superiores para destinar algún dinero previsto para la lucha contra la COVID-19 a dar de comer a la población. Vamos a necesitar mucha ayuda contra esta injusticia”, se lamenta el misionero salesiano.

Su mensaje final, sin embargo, es de esperanza. “A mis 87 años me encuentro bien, aunque me fallan un poco las piernas. Estoy deseando poder reunir a los niños apadrinados y a sus familias para daros buenas noticias y agradeceros toda vuestra ayuda. Además, necesito descansar, así que cuando llegue el buen tiempo, viajaré a Madrid y a Barcelona si la situación por el coronavirus lo permite”.

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