FPBeIEF

No tengo más remedio que comunicar una buena noticia que me contó hace poco tiempo una animadora de grupos de fe de una casa salesiana muy cercana a Sevilla donde funciona muy bien el centro juvenil y la oferta de tales grupos. Desde hace muchos años esta casa ofrece los cursos de Formación Profesional Básica donde van a parar muchos chicos provenientes de la ESO con una gran sensación de fracaso y de rechazo por parte de los docentes que los consideran un “estorbo”.

Esta animadora me contaba que el grupo de animadores se planteó ofrecer la posibilidad de participar en una convivencia de grupos de fe, en el mes de octubre a estos chicos. Ellos aceptaron y confiesan que aceptaron la invitación de participar con el objetivo de “reventar la convivencia” y “liarla”. Pero su objetivo se frustró cuando vieron cómo se les trataba con cariño, cómo se les escuchaba, cómo podían tratar con otros chicos y chicas de otras casas salesianas de la zona. Al terminar el fin de semana, propusieron ellos mismos formar un grupo de fe semanal para seguir profundizando. Viernes tras viernes son los primeros y más entusiastas de todos los grupos de la casa. Son puntuales y se quedan en el centro juvenil hasta que cierra.

El pasado fin de semana los conocí en la Convivencia Pascual de adolescentes y vi en sus rostros la alegría trasparente del Resucitado. Ellos mismos dicen que esto es lo mejor que les ha pasado, que se sienten contentos, felices y que aquí se sienten queridos y aceptados sin condiciones.

Se ha producido el milagro, una vez más. El Sistema Preventivo es para ellos. No falla la fórmula mágica SP=A+R+R=Felicidad, cuando encuentran a personas que los acogen, los quieren, los escuchan, se preocupan de ellos y de sus problemas, cuando se razona con ellos cualquier decisión y cualquier actividad que se propone, cuando se les ofrece vivir experiencias de encuentro con Jesús y su mensaje, se produce el milagro y Él cambia los corazones y emprende una camino de amistad con ellos que durará toda la vida.

Esta animadora me decía: “Es un regalo compartir con ellos esta experiencia”. Yo me emocioné, se me saltaron las lágrimas al escuchar estas palabras y me llenó de alegría y de motivación para seguir en mi tarea de animador salesiano con la convicción de no robar nunca el mensaje de Jesús a aquellos que lo acogen con más naturalidad: los sencillos, los que no cuentan, los que no deslumbran…

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