Hacia el Adviento, pliegues morados de esperanza

Pronto llegará el Adviento, que guarda entre sus pliegues morados la esperanza.  Es el tiempo del Sí de María.  ¿Le traería felicidad? Pienso detenidamente. Hace mucho tiempo que dejé de preguntarme si existía la felicidad. No me hace falta. Para mí la felicidad es tener paz, estar en paz, regalar paz. Cuando me siento así, soy feliz, sin ninguna duda. María confió y tuvo paz, ¿fue fácil? Mira la cruz, mírala con ojos de madre. Ahí tienes la respuesta.

Cuando miro a mis hijos y quiero averiguar si son felices les pregunto: ¿Estáis en paz?

Cuando se cruzan conmigo rostros tristes en estos meses duros, difíciles… me pregunto: ¿Tenemos paz?

Cuando leo tanto odio en las redes sociales os pregunto: ¿Dónde está la paz?

Y mi corazón, siempre inquieto por poner palabras, escribe este acróstico:

Amanece y quizás hoy te cueste abrir los ojos a la esperanza.

Duele la vida, la enfermedad, lo que no controlamos.

Ves a tu alrededor la tibieza de los días que parecen grises.

Intenta entonces mirar en lo más hondo, donde habita la paz.

Enciende velas nuevas que alumbren poco a poco.

Nota como se va contagiando la luz y la alegría.

Tú eres la paz.

Ondea su bandera.

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