«Hemos recibido mucho más de lo que hemos dado»

Francesc Ubach, misionero en Benín, es un enamorado de África y de su gente.

El salesiano Francesc Ubach nació hace 67 años en el pequeño pueblo de Tordera de Lleida. Emprendió la aventura misionera en 1983, en el marco del proyecto África, el mismo año de su ordenación. Aterrizó en Duékoué, Costa de Marfil, donde le esperaban el padre Peziña y Joanjo Bertrán. En la actualidad trabaja en la casa de acogida para niños de la calle en Porto – Novo, en Benín, donde acogen y acompañan a unos sesenta niños y jóvenes que buscan la reinserción en sus familias. También es el responsable del proyecto Granja – Escuela en una zona rural cercana, donde se desplaza tres veces por semana.

Cisco, tal y como lo conoce casi todo el mundo es una persona muy querida y entrañable. Por donde pasa siempre deja una gran huella de humanidad y sensibilidad hacia los demás. Nos cuenta que en la época que aún no era salesiano se desplazó a Barcelona para trabajar y jugar en un equipo de fútbol – una de sus grandes pasiones -, y en una misa dominical en la iglesia de los Salesianos de Rocafort escuchó la homilía de un misionero salesiano de la India. Enseguida lo tuvo claro. Aquel era su camino.

Recuerda el día exacto que decidió hacerse cura, fue un 19 de enero, el salesiano Joan Corbella le había hecho la propuesta y le había dicho que no contestara hasta el día siguiente. Esa noche le costó conciliar el sueño, pero sentía que aquella vocación era lo que Dios le pedía. Nunca se ha arrepentido y tiene claro que si alguien quiere «ser cura sin vocación es un peligro público».

Nunca antes había estado en África, pero desde el primer momento tuvo la sensación de haber estado allí toda la vida. «Llegas allí, la gente es muy acogedora y desde el primer momento con los niños … me sentí como en casa», explica ilusionado Cisco.

«Hemos recibido muchísimo más de lo que hemos podido dar. Y esto ya lo tenía claro desde el primer día. No iba allí a arreglar nada, sino que sentía esa llamada y el señor me quería en ese lugar para compartir la vida con ellos «, reflexiona.

Su primer contacto fue en la Costa de Marfil pero luego ha trabajado en Guinea Conakry, Togo y actualmente en Benín. Cree que los misioneros han hecho un error muy grande, y que aún perdura, el de reproducir las estructuras de aquí a allá.

Recuerda impactado como un misionero salesiano belga, más tarde obispo, cuando un día llegó de ultramar un contenedor lleno de zapatos le preguntó: ¿Qué hacemos con esto? Y su respuesta fue: ¡Quemadlo todo, ésta no es la manera !, haciendo referencia a la necesidad de otro tipo de acompañamiento para poner en valor el trabajo y no el paternalismo. «Dar cosas a la gente a veces es contraproducente», remarca Cisco, y añade que «hay que ir con lo que tiene la gente. Nosotros construimos una gran iglesia y la gente del pueblo dice, es la iglesia de los blancos, en referencia al dinero. Existe este peligro. Debemos ser austeros y vivir como ellos».

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