Héroes de lo cotidiano

Hay profesiones en las que parece necesaria la vocación y el afán de servicio a los demás: profesionales de la salud, trabajadores sociales, docentes,… Por otra parte, la actual pandemia, ha puesto en valor la labor de los trabajadores esenciales: transportistas, personal de gasolineras, medios de comunicación, personal de empresas de telecomunicaciones, cuidadoras y cuidadores domésticos, personal de supermercados y tiendas de alimentación,…

Hoy quiero compartir con vosotros otra historia, una de esas historias pequeña e invisible. Pongamos que nuestro protagonista se llama Juanjo. De carácter sosegado y con aire distraído, como de no enterarse de nada, trabaja desde hace muchos años como bibliotecario en un centro municipal de 265 m2 ubicado en un barrio humilde de la ciudad. Es funcionario, así que de 9 a 14 h los lunes, miércoles y viernes, y de 16 a 20.30 h los martes y jueves, se encarga del préstamo, la recepción y la organización del fondo documental de la biblioteca, según reza su contrato.

Hace más de 10 años decidió a organizar un club de lectura que se reúne mensualmente y en el que se comparten lecturas, se mantienen encuentros con escritores y mucho más. Antonio, panadero de profesión y amante de la cultura y de la lectura, ha sido coordinador del club hasta ahora. A pesar de que en su juventud sólo tuvo acceso a una formación académica muy básica, su amor a los libros, lo han llevado a ser un auténtico experto en cuestiones literarias y a querer compartir con otros ese tesoro.

Los clubs de lectura no suelen superar los 20 miembros, pues ese es el número de ejemplares que rota entre bibliotecas cada mes. Pero nuestro club, no es un club cualquiera: el número de miembros casi duplica esa cifra así que, se las apañan entre ellos para que todos puedan leer la obra propuesta ese mes. Son personas que proceden de muy distintos barrios de la ciudad, tanto de zonas acomodadas como de contextos mucho más humildes. Cuando exponen sus opiniones, se escuchan sin juzgarse, sin valorar si la persona que habla tiene o no un título universitario, o si sus ideas políticas tienen uno u otro cariz. Aprecian la aportación que cada cual hace, desde su experiencia y diversidad. Han creado un ambiente mágico, atractivo, de tolerancia y respeto.

Marta tiene 74 años y es viuda desde hace 13 años. Una terrible enfermedad truncó sus planes de envejecer con su marido, al que tanto amó. Desde entonces, se siente sola. Siempre fue ama de casa y se dedicó todo su tiempo al cuidado de los demás. Aunque escribe con faltas de ortografía, adora leer y conocer historias. Nunca hasta ahora se había dedicado un tiempo a sí misma, participando en alguna actividad que no estuviese relacionada con sus responsabilidades. Desde hace más de 5 años forma parte de este club, que es para ella una familia y una parte muy importante de su vida. ¡Hasta se ha instalado whatsapp y aprendido a usar el correo electrónico para estar en contacto con el grupo durante todo el mes!

Durante la pandemia, Juanjo, nuestro bibliotecario de aspecto distraído, la telefoneó. ¡Tenían que continuar con las reuniones! Pero Marta no estaba ya sola y, con la ayuda de todos, aprendió a utilizar la videoconferencia. Ahora que las restricciones son menos severas, Juanjo ha utilizado su red de contactos y ha pedido a los compañeros de otra biblioteca que le cedan una vez al mes el espacio de la terraza y continúan reuniéndose, ahora al aire libre y cumpliendo todas las medidas.

Obviamente, toda esta letra pequeña no está recogida en los contratos de Juanjo, el bibliotecario, ni de Antonio, el panadero. Les mueve la vocación y su implicación va mucho más allá que lo que recoge un simple papel. Ellos crean espacios de diálogo, aportan a los demás y hacen nuestra sociedad más justa y más amable. Son ellos, esos héroes de lo cotidiano, tejiendo historias pequeñas e invisibles, los que constituyen el verdadero sustento de nuestra sociedad. Ellos son también esenciales.

1 opinión en “Héroes de lo cotidiano”

  1. Lo más importante es que lo hacen, sin hacer ruido, como algo natural, por eso utilizo tanto las gracias, siempre que tengo ocasión. Gracias por lo bien que lo has expresado.

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