Hijos del corazón

Soy Asunción, ‘Suni’ para los amigos, profesora de un colegio salesiano y madre de dos hijos: el mayor, de 16 años y de origen etíope, llegó a nuestro hogar con 2 años y medio y la pequeña, de 11 años y origen indio, vino con 7 años.

Dos orígenes tan diferentes como sus vivencias, su carácter o su color y algo en común, un sorprendente instinto de autoprotección y supervivencia.

Mi experiencia como madre ha sido un continuo aprendizaje y descubrimiento, ensayo y error. Sin referencias, sin datos, sin herencias.

Ser madre no es tarea fácil

Muchas veces me han preguntado si volvería a ser madre; sin duda, sí. Es posible que con lo aprendido trazara otra trayectoria, pero haría lo mismo. Ser madre ha sido difícil, no hay fórmulas ni recetas y los consejos de otros no te sirven. Llevo muchos años tratando de comprender a mi hijo mayor, ¿por qué? Me es difícil poder llegar a su corazón, me es difícil entender lo que le mueve.

En la búsqueda de esas respuestas, se me escapaba que no es tan importante conocerlas sino aceptar a mis hijos con sus luces y sus sombras y acompañarlos en su crecimiento, dotarles de recursos, de seguridad y de amor. Cuando invertía esfuerzo, ganas y pasión desplegando toda la generosidad posible, esperaba algún resultado. Me ha costado aceptar que no siempre es así.

Mis hijos son diferentes entre sí, diferentes a mí, diferentes de otros niños. Mis hijos me enseñan que no son parte de mí, que son únicos, que mi papel como madre es mostrarles un camino que puede que a ellos no les sirva y, como ya he dicho, acompañar.

Fuente: Boletín Salesiano

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