IÑAKI, SUJÉTAME EL EDIFICIO “MATESANZ”

Carta al Diputado nacional José Ignacio Echániz Salgado

Querido Iñaki:

Espero que al recibo de eta te encuentres bien, yo bien gracias a Dios.

De la fachada del Edificio Matesanz, en Madrid, se desprende el look de una de las obras maestras del gran arquitecto Antonio Palacios Ramilo (1912-1923).

Situado en Gran Vía 27 es una de las asas a las que se puede agarrar un ciudadano para amortiguar los mensajes difíciles de la realidad.

Por delante pasan peatones, taxis, autobuses, ambulancias, bicicletas, patinetes, camiones de mercancías, repartidores. El completo bodegón humano de la ciudad. Si lo observas con detalle, los efectos que provoca son lentos, nulos. Por un momento, imperturbable, puede apoderarse de la calle, y entonces Madrid empieza a ser un simple paisaje de fondo de escena y lo que es un edificio podría ser la realidad apresurándose a recobrar todo aquello que en un siglo ha presenciado: la dictadura de Primo, la Segunda República, la guerra civil, la posguerra, el desarrollismo, la democracia del 78.

En 2003 y 2004 pude naturalizar allí mi trabajo diario.

Fue un momento más, complejo. Me sentaba bien estar callado y observar. Tenía razones y rectitud de formas.

Desde el quinto piso –sede del patrimonio– podía explorar, impávido y vegetal, un mundo bullicioso y vocinglero como el nuestro, cuya conclusión es tomar conciencia más directa ante los problemas de nuestra sociedad: hemiplejía moral, expropiación de la humanidad del adversario, interiozación de una violencia legitimada (“jarabe democrático”, lo llaman), corrupción legítima, machismo legítimo, alerta declarada y continuada contra el mayor de los vicios: el mítico dragón facha.

Yo tuve aquella hora inconmensurable. Yo la tuve.

No la echo de menos porque nunca se ha apartado de mis pensamientos.

Qué pícara desfachatez por las aceras.

Cuánto cretino de baba y consigna por los bicicarriles.

Cuántos libros y revistas de caballería posestructuralistas, nacidos y alimentados por caletres enfermizos en los kioskos de prensa.

La Historia –y la Gran Vía– es así de contundente y eficaz cuando trae vida. Ahora mismo, viernes a media tarde, el centro de la ciudad es un río, imperturbable y fluido, de gente con bolsas, con helados de cucurucho, con mochilas, sin nada. Bueno, estampados al móvil.

Amigo Iñaki, mi blog “De andar y pensar” quiere arañar, cuestionar, estremecer, provocar, a través de retratos comprometidos, cartas abiertas… El retrato escrito quiere ser mi campo de acción más insistente. Unos retratos que, desde su origen, tienen una vibración distinta, una desgarradura en quien lee/mira. O en quien escribe/describe. El apetito grande de la palabra.

Cada causa con su nicho de activistas, su incentivo mediático y subvención.

Y llegó la muestra: “Agencia Laín Entralgo”.

Llevaba un par de décadas buscando y aceptando la invisibilidad como lugar de residencia para escribir (la suma de más de tres años, por ejemplo, en Sigüenza, de forma alterna) y héteme aquí catapultado al piso quinto exterior del “Edificio Matesanz”, en plena Gran Vía nº27.

Como todos los que somos de Madrid o vivimos Madrid, hemos sentido que es la ciudad más tolerante, imaginativa, moderna y golfa de Europa. Y teníamos que apostar.

Y apostamos.

Esto me supuso un zarandeo brutal en mi historia personal, muy enriquecedor por cierto.

Y ya un primer zarpazo me salió al encuentro el mismo día de la “entrevista”, con los jefes de Sanidad Madrid.

– Su currículum fulgurante, señor… de Coro.

– Quizá un poco ingobernable, ¿no?

– Pero gobernado, señor. Son sesenta años.

Rápido, como un mazazo, observa uno de la comisión:

– Permítame que le diga, señor de Coro, que… cómo una mente conservadora quiere ocuparse de un proyecto puntero, progresista, como un Museo Ciudad de la Salud y de la Medicina… y en Madrid.

(Yo me decía a mí mismo: ¡qué razón tiene el presidente éste! Que me aspen los ideólogos del resentimiento, de derechas o de izquierdas, si me entiendo yo a mí mismo).

Con rotunda coherencia dije:

– Hombre, con la mente conservadora de los fundadores de CC.OO.

Así invitaba, querido Iñaki, a echar la vista hacia algún rincón del siglo XX, para entender que siempre es más ancha la historia que la ideología. Sobre todo si es ideología del resentimiento, que se suele pudrir sin enemigo.

– Pero, señor, es lo sabe usted mejor que yo. Pues con la mente conservadora de los jesuitas, padre Llanos y padre Díez Alegría, los verdaderos fundadores de CC.OO.

Amigo Iñaki, también estaba brindando entrañables recuerdos de la Transición, ejemplos prácticos tan conservadores como quedarse a vivir en el Pozo del Tío Raimundo de por vida. Recuerdo haberlos ido a visitar un par de veces, junto a dos egregios salesianos: José María de los Santos y López, creador del PSA y Julio Girardi, catedrático de Filosofía del PAS de Roma. O sea.

Te concluyo, pues, la entrevista.

– Entonces, ¿cuál sería su proyecto?

– Mire, algo muy sencillo y a la vez complicado. Son más de 180 ó 190 días de vacación en España en enseñanzas medias y universitarias. Nuestro Museo/Ciudad sería una forma de articular identidad social poco sofisticada, pero mucho más emotiva que un programa de LOE, LOMLOE, LOGSE.

– ¿…?

– Del uso valiente y lúdico del patrimonio, en este caso, médico y sanitario de la Comunidad de Madrid (en nuestro caso disperso todavía), al atrevimiento de las nuevas tecnologías en aulas informales…

– ¿Aulas, dice usted?

– Del expresionismo de exposiciones permanentes a la exploración del alma de cada época (historia), de cada persona (diálogo), en cada actividad.

– ¿Palabras?

Amigo Iñaki, mi idea de Museo/Ciudad sería la de patio de corrala, donde se reivindica una forma de estar, de comunicarse y de vivir. Y eso es valiente. No se cede a casi nada. Lo mismo se soportan vientos de cara que de costado. Lo mismo se aguantan largos silencios que se pierden los papeles, que se pierden las palabras.

¿Las palabras fugitivas?

El alma de nuestra Ciudad/Museo no podía abandonar las palabras de corrala, como igualdad, solidaridad, libertad, pluralismo, mestizaje (creo que son los pilares del 78), antes de injertarlos en un ordenamiento jurídico. Cuando uno se sentía abandonado o desprotegido podía luchar por recuperar lo perdido o desatarse en golpes de ira, o aullar a la luna o culpar al sistema.

Recuperar la palabra.

Recuperar las palabras.

Estas, esas, aquellas palabras fugitivas.

Iñaki, que la vida no es corralito. Mejor corrala. No sé.

Patio de corrala, donde se podía luchar contra el fascismo dominante, que su amputada fantasía, y más después de una guerra, necesitaba reconstruir paciente y amorosamente.

Recuerdas aquello de Norman Mailer, al que le gustaba discutir sobre todo en las fiestas. En una de ellas se acaloró tanto, tanto, con Gore Vidal que perdió definitivamente los papeles y acabó tumbando a su interlocutor de un puñetazo, de un desaprensivo puñetazo contundente. Mientras se levantaba satisfecho del suelo, Vidal sentenciaba el combate así: “Otra vez han vuelto a abandonarte las palabras, Norman”.

Las palabras fugitivas.

Y nuestras palabras empezaron a hacerse Museo/Ciudad en Gran Vía 27 en el edificio construido por el gran gallego Antonio Palacios.

Sujétame el edificio “Matesanz”, Iñaki.

Sujétalo.

Desde su atalaya observé, ya entonces, mucha regresión cavernaria a la piedra y al palo la semana del 11M. El antifascismo de adoquín ya empezaba a prescindir de la palabra para recurrir al grito y la bravata.

Sujeta el edificio “Matesanz”. Habrá que volver a empezar. Tú lo harás como ministro. Yo ya me habré ido. No te olvides, “Paquico” Castillo Acero, nos hizo el documento-base de partida.

Hasta que quieras, Senador Jordache.

Paco de Coro

1 thought on “IÑAKI, SUJÉTAME EL EDIFICIO “MATESANZ””

  1. Los ciudadanos de las grandes avenidas pasean, transcurren acelerados en un río imperturbable y fluido de individuos de todo tipo, con bolsas, helados de cucurucho… con michilas sin nada. Bueno estampados, pegados al móvil.
    Las ideologias, de pensamiento, de convinciones circunstanciales y de palabras de conveniencias, vuelan ajenas a los edificios, ante el devenir de la historia.
    Y mientras tanto las ideologias del resentimiento de derechas y de izquierdas, inquietarán a toda una sociedad actual. Y la historia, siempre tendrá un margen más ancho que las propias ideologias.

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