¿Inocentes?

Ayer a mediodía de repente me di cuenta de que era el día de los inocentes. Probablemente será por los tiempos que estamos viviendo, pero nada que ver con otros años, en los que siempre había guasitas y alguna historieta que otra para recordar.

Yo, la verdad, siempre he pecado de un poco inocente. Que me lo creo todo, vaya. Y no me importa. Me gusta creer a la gente y pensar lo mejor… y que cualquier cosa tonta me haga ilusión… Lo prefiero a lo contrario.

¡Qué maravilla la gente inocente! La que tiene el corazón intacto y la ilusión entera. La que mira con ojos limpios y siempre espera lo mejor. La que va de frente, pero porque sí. La que no busca ni esconde nada. Vive y deja vivir. Curiosa y entusiasmada.

Cuánta gente hay así por el mundo. Y cuántos Herodes.

Cuántas personas inocentes. Niñas, niños, jóvenes, mayores… sufriendo las consecuencias de la injusticia, la codicia, la envidia, la violencia… La maldad. O la indiferencia de quienes miran (o miramos) para otro lado.

¿Inocente, Herodes o indiferente?

Esa es la pregunta que podemos (o debemos) hacernos. Ojalá nuestra respuesta sea la primera opción.

Pero no olvidemos que los inocentes tampoco pueden quedarse indiferentes. Porque entonces ¿lo seguirían siendo? Me temo que siempre hay que escoger y lanzarse a la tarea. No se nos olvide: La fuerza más fuerte de todas es un corazón inocente (Víctor Hugo)

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